miércoles, 26 de septiembre de 2012

Capítulo 24: La entrevista


Y así hicieron, Carla se fue con Carlos a playa América a a cumplir su promesa aunque agentes externos a ella se lo dificultaran. Tuvo numerosos intentos fallidos, ya que le entraba el pánico y retrocedía todo lo que había avanzado mientras sollozaba. Carla estaba verdaderamente aterrada. 
-Se que puedes -le animó Carlos mirándola sonriente -confío en ti.
Estas palabras, hicieron que Carla se armase de valor. Miró a Carlos, se aferró al paraguas que ambos sujetaban y les protegía de la lluvia y decidió entrar en el mar. Comenzó a adentrarse en él, mientras un mar de lágrimas recorría su cara, pero ella pensaba en él. El mar era la barrera que impedía que estuvieran juntos, y ella estaba dispuesta a romper la barrera.
Así fue, poco a poco sin separarse el uno del otro ni del paraguas se adentraron en el mar.
-¡Lo conseguí!-dijo Carla entre sollozos
-Sabía que lo conseguirías -dijo mientras la besaba bajo el paraguas -te quiero.
Y continuaron allí abrazados  sin soltar ese mágico paraguas, que les ayudaría a superar sus miedos.

Mientras tanto en el hotel.
-¿Dónde está Carlos? Dijo que estaría aquí pronto. Y ya es la hora de comer. A las 6 nos tenemos que ir -dijo el mánager preocupado
-No lo se. Le voy a llamar para que se de prisa -dijo Dani en un intento de que se calmase
Dani cogió el móvil y llamó a Carlos
-¿Si? -dijo Carlos contestando al teléfono
-Carlos, tio, ven ya al hotel, que nos tienes preocupados, en tres horas nos vamos, y estamos esperándote para comer.
-¡Voy para allá!
-¡Date prisa!-dijo Dani colgando
-Ya viene para aquí -dijo informando al resto del equipo

Cuando Carlos llegó al hotel, todos se quedaron sorprendidos traía un paraguas de la mano, pero estaba completamente calado
-¿Carlos? -preguntó Dani al verlo entrar -¿Sabes que los paraguas sirven para refugiarse de la lluvia?
-Claro -dijo riendo
-Pues no veo yo que ese lo hayas usado mucho -dijo Blas riendo
-Si que lo he usado
-Pues no te ha servido para mucho
-Más de lo crees -dijo con una sonrisa que le ocupaba toda la cara
Todos se miraron sin comprender nada

Como el mánager había informado a Carlos a las seis partieron de regreso a Madrid, para continuar con la gira. Fueron entretenidos gastándose bromas durante el camino, como en todos los viajes, la diferencia era que Carlos tenía un nuevo amuleto, un paraguas que no soltaba.

Al día siguiente a Carla estaba dormida y le comenzó a sonar el móvil, lo dejó sonar un rato volviendo a inundar su habitación aquella canción de Coldplay que tanto le gustaba.
-¿Si? Carlos ya vi las noticias ayer, se que hoy también va a llover. Gracias por su servicios, pero los desconecto temporalmente. -dijo con una risa floja, debido a que aún estaba adormilada
-¿Carlos? ¿Servicio meteorológico? ¿Qué dices? -dijo la persona al otro lado del teléfono- soy María, tu amiga de Madrid -termino diciendo
-¿María? -dijo Carla con voz ahogada -¡Que vergüenza!
-Anda tonta que no pasa nada.Además tú no sabes que significa esa palabra
-Bueno -dijo riendo- y ¿para qué llamabas?
-Para contarte que me han concedido una entrevista para una gran discográfica. Es mañana y necesitaba contártelo
-¿Si? ¡Que bien! me alegro- ¿Qué discográfica? ¿Sabes ya que ponerte? ¿necesitas ayuda? -empezó a formular una pregunta tras otra sin dejar que su amiga respondiese
-Espera, espera, que te estas poniendo más nerviosa que yo. Se llama Warner. Pues he pensado en ponerme el vestido beige ajustado con los tacones negros que me prestaste y todavía no te los he devuelto -dijo riendo- y ese collar largo que Lucía me regalo por mi santo. ¿Qué te parece?
-Perfecto. Pues mucha suerte fea. Llámame cuando salgas de la entrevista. Un beso, que ya que me has hecho madrugar voy a ayudar a mi abuela con la limpieza de la casa.
-Espera
-Dime
-¿Quién es Carlos? ¿Qué es eso de servicio meteorológico?
-Lo siento, te lo diria pero me reclaman por aquí. Ya hablamos mañana.
-Carla, ¿no serás capaz de dejarme así? 
-Si-dijo riéndose y colgó

Esa tarde, María fue a la entrevista. El vestíbulo del edificio era inmenso. Todo esta pintado de blanco y la luz es abundante y clara. Hay muchos carteles enmarcados colgados por las paredes, son cantantes conocidos por ella, pero sus ojos siguen buscando un cartel en ese inmenso lugar en el que ponga recepción. 
María lo encuentra y se dirige allí para indicar que ha llegado y la indiquen cuando puede pasar al lugar de la entrevista.
-Espere ahí sentada unos instantes, voy a avisar de que ya esta aquí.
-Gracias
María se sienta. A los pocos minutos comienza a caminar de un lado a otro nerviosa. Lleva un maletín con todo sus trabajos. El corazón le late a gran velocidad. ¿Quién le hará la entrevista? ¿Qué le preguntará? ¿Durará mucho? ¿Les gustaré? La cabeza de María empezó a llenarse de preguntas que iban provocando que fuese aumentando su nerviosismo. Paró de hacerse preguntas en un intento de mantener la calma.
Al cabo de un rato, una de las recepcionistas se asoma.
-Perdone, señorita Castro
María se vuelve hacia la recepcionista-
-¿Sí?
-Acaban de avisarme de que puede usted subir. Jilgorio Martínez la está esperando. Suba y llame a la segunda puerta a la izquierda. De todas formas el nombre está escrito en la placa junto a la puerta del despacho.
-¡Gracias! 
María subió las escaleras despacio y tropezó con uno de los escalones, no miró a su alrededor por si alguien la estaba mirando. Aceleró su paso para alejarse de las escaleras lo antes posible.
Llega a la planta de arriba mira a su izquierda y ve la placa... Jilgorio Martínez... Golpea la puerta con los nudillos, espera, pero nadie responde. Vuelve a repetir la acción, pero sigue sin responder nadie. Llama de nuevo pero esta vez se excede con la fuerza.
-Adelante, ya era hora, la esperaba
¿Ya era hora? Llevo una hora esperando abajo pensó María mientras entraba y cerraba la puerta a su paso.
El despacho era amplio y tenía las paredes pintadas de blanco. Al fondo de la habitación había un hombre bajito sentado en una gran mesa de madera escondido tras un Mac. Debía tener unos cuarenta años. 
-Buenas tardes, me llamo María..
-Si, sí, Castro.., lo sé -le contestó sin levantar la mirada de la pantalla.-Yo concerté la cita, por lo que debo saber su nombre. Siéntese María. Vaya nombre.
¿No le gusta el nombre María? Pues anda que Jilgorio, pensaba María enfureciéndose. No, no, manten la calma María. Tienes que conseguir este puesto.
-He venido para solicitar el puesto vacante.Sería un honor para mí..
-Claro que sería un honor para usted...somos una de las discográficas más importantes del mundo-contestó aún sin levantar la mirada de la pantalla.
María traga saliva. Tiene un carácter difícil, pero lo conseguiré dijo armándose de valor, y mostrando una de sus sonrisas seductoras y que le solían hacer irresistible.
-Verdad. Es por ello que les he elegido a ustedes...
-Se equivoca. Usted no nos puede elegir, en tal caso, nosotros la hemos escogido a usted-sigue contestando sin levantar la vista del ordenador
-Ya, solo quería decir que...
-Usted no tiene nada que decir.Debe enseñarme sus trabajos y punto. Ellos hablarán por usted-dijo  alzando los ojos de la pantalla y mirándola.
María coge el maletín y lo abre sobre la mesa. Saca sus trabajos. 
Varía canciones compuestas por ella misma. Melodías para canciones. Letras. Inspiradas en tardes que estaba con sus amigas, en momentos vividos con esa persona especial. Jilgorio los va cogiendo y echando un vistazo mientras va mascullando algo entre dientes.
-Mmm...Banal...Previsible...Repetitivo...-Jilgorio va soltando una retaila de adjetivos en voz baja mientras va examinando todos los trabajos e María.
María se empieza a decaer. Sus trabajos. Fruto de tanto esfuerzo e imaginación, tardes en blanco con la guitarra en la mano en un intento de que la inspiración llegue. Todo ese trabajo esta siendo tratado con desprecio,por un tipo llamado Jilgorio. Llega a la última partitura y se queda pensativo con ella en las manos. Es una reedicción de una canción de Sergio Dalma, cantante que pertenece a esa discográfica.
-Esta la hice para sentirme ya un poco parte de ustedes...
-A ver si lo entiendo...¿Me está diciendo qué para sentirse más próxima a nosotros le roba una canción a uno de nuestros cantantes?¿Ese es su concepto de creatividad?
María está desconcertada. Siente que se le saltan las lágrimas, pero recupera el dominio de sí misma.
-Los buenos artistas copian, los grandes artistas roban-dijo en un tono bajo, pero Jilgorio pudo escucharlo
-Por el momento, usted no pasa de ser una copia.
María estaba a punto de reventar de rabia, pero una vez más se controló.
-Entonces, ¿estoy contratada o no?
Él se quedó pensativo.Volvió a mirar la pantalla del ordenador. Tecleó algo.
-De todas las personas que he visto hasta ahora usted es, de todas formas, la menos desastrosa.Pero sólo porque parece lista...-Alzó los ojos de la pantalla-Y según parece tiene carácter. Sus trabajos por otra parte, son lamentables. Puedo asignarla el departamento de grabación, dado que le gustan tanto las canciones. Pero , al principió se encargará de las fotocopias y el café. Sea puntual.
Puntual como tú, piensa María mientras recoge sus trabajos y los mete de nuevo en el maletín,. María se levanta y cierra la puerta a sus espaldas. Nada más salir se apoya en ella. Resopla.
-Es duro ¿eh? -María abre los ojos de golpe. Un chico más alto que ella, moreno, con unos ojos verdes intensísimos, y una sonrisa divertida le está observando.- Lo sé, Jil, parece despiadado. Bueno, lo es, pero si lo convences te irá todo genial.
-¿Seguro?Nose, hay dentro me ha destrozado, una tras otra.
-Él es así. Excéntrico. Perfeccionista. Pero también es fantástico, genial, y capaz de descubrir nuevos talentos como nadie. ¿te ha echado o no?
-Me ha dicho que mañana me pondrá a hacer fotocopias en el departamento de grabación.
-Es un buen comienzo. No sabes la de gente que le gustaría estar en tu lugar. Además yo a veces trabajo allí con los chicos. Ya te pediré alguna fotocopia -dijo riendo
-Caramba, fíjate lo que hace la crisis,a lo que llegamos a aspirar en España, trabajar haciendo fotocopias -dijo riendo
-Por cierto me llamo Álvaro-dijo dándole dos besos
-Yo María-dijo sonriendo
-Pues nos vemos mañana.
 María se despidió de Álvaro y cogió el móvil para llamar a Carla y contarle como le había ido la entrevista.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Capítulo 23: El paraguas.


Los chicos llegaron al hotel y cayeron rendidos. Había sido un día duro plagado de emociones.
Eran las diez de la mañana, David fue el primero en levantarse. Corrió las cortinas para alumbrar la habitación, pero no le sirvió de mucho, el cielo estaba encapotado, ese día iba a llover en Vigo, como casi todos los días.
David encendió la luz de la habitación y fue despertando al resto de sus compañeros y el equipo, para aprovechar el día que le quedaba en esa ciudad, aunque estuviese lluvioso.
Cuando Carlos miró por la ventana, y vio que comenzaban a caer las primeras gotas se llevo las manos a la cabeza. No podía pedirle a Carla que fuese a la playa lloviendo.
-¿Qué ocurre? –preguntó Blas viendo la reacción de Carlos - ¡Bah! Sólo es lluvia.
-Bueno, en ocasiones la lluvia juega malas pasadas, y a mi me la esta jugando
-No te comprendo
-Digamos, que yo tenía una motivación, para intentar hacer algo que me costaba mucho y siempre he evitado hacer, y ahora por culpa de la lluvia, esa motivación va a ser imposible. Y he de tomar la decisión, de si intentarlo sin la motivación, o ponerme de excusa a mi mismo, que no es posible, porque no se ha cumplido todo el trato.
-Ahora te comprendo aún menos –dijo Blas muy confuso –Carlos, ¿estás bien?
-Si. He de hacer una llamada.
-Pero nos tenemos que reunir ahora
-Enseguida voy –dijo alejandose para llamar

Carlos cogió su teléfono, y busco en la agenda un número.
Carla estaba dormida y de repente su móvil empezó a sonar. Tardó un rato en cogerlo, por lo que la habitación se inundó con la melodía de Coldplay “Every teardrop is a waterfall”.
-Te contesta Carla recien levantada y malhumorada, seas quien sea deja tu mensaje depués del pi –dijo Carla contestando a la llamada –pi.
-¡Que simpática te levantas! Venga que son las diez dormilona, ya son horas.
-Pero la cama hoy me ha cogido cariño, y no le iba a decir no, pobre.
-Creo que a partir de ahora te voy a despertar todos los días, estas más simpática que durante el resto del día
-¡Imbécil!
-Ya eres la de siempre
-Si me has llamado para decirme eso, vete un poco lejos Carlos.
-No, no era para eso
-¿Entonces?
-Esta lloviendo
-Carlos, cuando me levantase miraría por la ventana, no necesito ningún servicio meteorológico.
-Carla te he dicho que ¡esta lloviendo!
-Que ya me he enterado-dijo con el mismo tono- ¡Ostras! ¡Que llueve! ¡Mierda! ¿Entonces qué? –contestó al comprender el mensaje de Carlos.
-Para eso te llamaba. Pues ahora debería estar en una reunión. Al salir te llamo y quedamos para ver que pasa.
-Vale

Carlos colgó y se fue a la reunión. Al entrar todos le miraron preguntándose que era eso tan importante que tenía que hacer, pero no se atrevieron a preguntarlo.
-¿Qué me he perdido? –preguntó Carlos al entrar
-Poca cosa, que David esta empanado como siempre, esta colando una tras otra –dijo Blas
-¡Vaya! Pues eso me hacía empezar bien el día, nada David, repitelo –dijo Carlos riendo
-Bueno como veo que ya estamos todos, y con el humor de siempre, empezamos –dijo el manager.
Los chicos fueron aportando ideas, y aceptando y estudiando nuevos proyectos que les iban ofreciendo las empresas.

Al mismo tiempo Carla seguía en su cama pero ya estaba despierta y con el móvil en las manos. Decidió levantarse, subió su persiana y comprobó que lo que Carlos, su servicio meteorológico, le había dicho era cierto.
Se dirigió al cuarto de baño, puso la radio y buscó allí los cuarenta principales, su emisora preferida, y se metió en la ducha. Mientras el agua iba deslizándose por su cuerpo tarareaba las canciones que iban sonando.
Al salir se vistió y se fue a desayunar en la compañía de se abuela que llevaba un tiempo despierta. Le contó lo que le fastidiaba que el día estuviese lluvioso.
-Pero niña, aunque llueve se pueden hacer muchas cosas. Esta juventud –dijo la abuela de Carla
-¿Qué hacías tú  los días de lluvia?-preguntó Carla mientras mordía un trozo de pan con aceite
-Muchas cosas Carla, solo hay que tener imaginación. Antes no teníamos tantos aparatitos como ahora, pero nos ibamos a una cafetería a pasar la tarde, a un centro de ocio, a una boutique, a pasear..
-¿Pasear? ¿lloviendo? Creo que te estas liando abuela –dijo riendo
-No. Se lo que digo, yo daba buenos paseos con tu abuelo los días de lluvia. Nos metiamos los dos bajo un paraguas y no nos hacía falta nada más.
-Un paraguas..-dijo Carla pensativa
-Claro, si no nos mojamos, esta niña, los aparatitos te están atrofiando el cerebro
-Que si abuela –dijo Carla riendo –gracias por la idea –le dijo dándole un beso en la mejilla
-¿Qué idea? Niña, ¿de qué hablas? Cada día estas peor.
-Una abuela, y muy buena –dijo abrazándola
-Pues me alegro de haberte servido niña. Y ahora verte a hacer tu cuarto
-Voy

Carla se fue a recoger un poco su habitación y al terminar llamó a Carlos. Pero no le cogió el móvil. Estará aún reunido pensó. Pero al poco tiempo comenzó a sonarle, era él.
-¡Hola! –dijo Carla contestando a la llamada
-Estaba aún en la reunión
-Ya lo imagine, pero no has tardado nada en salir, me has llamado enseguida
-Ya, estabamos terminando cuando me llamabas.
-Que bien
-Bueno, y porque me has llamado, ¿has pensado algo?
-Mas bien si.
-¿El qué?
-Es algo con un paraguas
-¿Con un paraguas? –preguntó Carlos sin comprender que locura se le habría ocurrido esta vez a Carla
- Si con un paraguas. Tú dime cuando quedamos y ya te diré allí de que se trara.
-No dimelo ahora mejor, y ya calculo yo el tiempo
-No. Es sorpresa. ¿A las 12?
-Venga vale, nos vemos en una hora en el centro comercial de ayer.
Ambos colgaron y se prepararon para irse al centro comercial

-Abuela me voy.
-¿Dónde?
-Al centro comercial dile a mi madre que llegaré por la tarde
-Vale. Pásalo bien y no te mojes mucho
-Se intentará abuela –dijo riendo

Al mismo tiempo, Carlos se despidió de los chicos diciéndoles que había quedado con Carla, pero que esta vez no tenía ni idea de que iba a hacer. Pero antes de salir…
-Carlos, ¿dónde crees que vas?-le preguntó el manager
-fuera
-¿No ves que esta lloviendo?
-Si, pero es un momento enseguida vuelvo, es algo importante que he de resolver antes de irnos de aquí
-Pero no puedo dejar que te arriesgues a ponerte malo, harías que todo se vaya al garete, piensa en tus fans.
-No me pasará nada. Enseguida volveré –dijo Carlos mientras se alejaba corriendo, para asegurarse de que no o retenía allí.
El manager lo vio alejarse con mala cara.

A las once,  Carlos ya estaba en el centro comercial, y a los pocos minutos llegó Carla.
-¿Te haces de rogar eh?
-Me he retrasado unos minutillos
-Pues menos tiempo para verme, porque el manager no estaba muy de acuerdo en que saliera pero me ha dejado un ratillo
-Entonces, ¿no vamos a hacer nada hoy?
-Claro, dime que tenías pensado, y ya calculo yo el tiempo
-Pues verás…. Se que esta lloviendo, pero quiero demostrarte aún así que puedo cumplir mi promesa, aunque se me pongan impedimentos por el camino, y que si yo puedo tú también.
-¿Lo vas a hacer entonces?
-¡Si! –dijo Carla con tono firme, afirmación que le sorprendió hasta a ella misma.
-¿Y para qué el paraguas?
-Porque llueve
-Pero te vas a mojar igual, si te metes en el mar
-Si pero quiero que lo hagamos los dos juntos bajo el paraguas, y que cada vez que estes inseguro o te  sientas incapaz porque no estoy cerca, cojas este  paraguas y recuerdes el momento en que los dos entramos al mar.
Carlos lo miró con los ojos brillantes y le dio un tierno beso.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 22: La promesa


-¿Vamos con los demás? –preguntó Carlos mientras se sacudía la arena de los pies.
-Prefiero volver a casa. Mañana me espera un duro día –contestó guiñándole un ojo
-¡Como quieras! ¿Qué tienes que hacer? –le preguntó curioso
-Prepararme para meterme en estas aguas –dijo mientras señalaba el mar que dejaban a sus espaldas.
Carlos sonrió en modo de respuesta
-Pues te acompaño
-Pero ¿sabrás volver después al hotel, tú sólo?
-Claro. ¿Dudas de mi capacidad?
-Un poco- Contestó Carla
-¿Quién te ha traído a esta playa?-preguntó Carlos
-Tú
-¿Entonces?
-Pero iba con los ojos cerrados, quién sabe si te estaban indicando el camino.
Carlos le miró mal y se rió.
-Vale. He usado el GPS –terminó confesando
-¡Lo sabía! Si Carlos más un mapa, es igual a perdido.
-Es verdad, mejor tener una orientación nivel Carla. Acabando siempre en cualquier lugar menos al que querías ir.
-Envidioso
-¡Uy si! Me encanta perderme. Se me ha olvidado mencionarlo en las entrevistas. Lo apuntaré para la próxima
-¡Idiota! –dijo Carla sacándole la lengua
-¡Fea!
-¡Tonto!
-¡Desorientada!
-¡Imbécil!
-Esa es tu palabra comodín cuando no sabes que decir, ¿no? –dijo Carlos riendo
-¡Imbécil! –repitió dándole un golpe en el brazo
-¡Ves! –dijo entre risas mientras se frotaba el brazo en el que Carla le había golpeado

Continuaron así durante la mayor parte del trayecto a casa de la abuela de Carla. Cuando llegaron al portal, Carla se quedó frente al telefonillo pero no llamo.
-¿Te ocurre algo?
-Si.
-¿Qué?-preguntó Carlos mientras se acercaba a ella por detrás
-No quiero llamar. Y si esta es la última vez que te veo.
-Mañana me verás, no todo el día porque nos vamos por la tarde, pero por la mañana tenemos una cita tu y yo en la playa.
-Entonces, todo lo que me has dicho ¿Es verdad? ¿Lo intentarías por mi?
-Siempre y cuando tu cumplas tu parte si, lo intentaría.
-Te quiero –dijo abrazándolo. Carla nunca se lo había dicho, es mas, le costaba decir a la gente que le quería, no era una chica que expresara muchos sus sentimientos, pero esta vez era diferente, él era diferente.
Carlos la respondió con un dulce beso.

-Anda sube ya, que tu madre se va a preocupar
-Buenas noches mongolito
-¿Y eso?
-Tu nuevo apodo
-Vale. Buenas noches conguita
-¿Se supone que ese es el mio, no?
-Si , porque eres una negra como David, pero más pequeña.
-¡Ah! ¿Gracias? –dijo sin saber como tomárselo
-Buenas noches-dijo mientras se reía.

Carla llamó al telefonillo, y entro en el portal, pero antes miro a Carlos y le guiñó un ojo.
Al entrar en casa de su abuela, estaban todos acostados menos su madre, que se había quedado allí esperándola.
-¿Qué tal el concierto? –le preguntó su madre
-¿Qué concierto?
-Al que te ha llevado tu madrina. Carla , ¿dónde has ido?
-Así, es que estaba pensando en otra cosa, y me has pillado desprevenida, pues muy bien, al principio cuando me enteré que era de Auryn, no me sentó muy bien, pero ya he cambiado de opinión –dijo terminando con una sonrisa.
-¿Y no ha pasado nada más? –dijo su madre, conocia muy bien a su hija, y sabía que ese cambio de humor no se producía así por que si.
-Bueno….¡He vuelto a ver a los chicos!
-¿A todos? ¿Y qué tal?
-Bien. Se han sorprendido de verme, alguno incluso no supo como reaccionar –le contó riéndose al recordarlo
-Me alegro de verte tan feliz de nuevo hija. Vete a dormir y descansa, que es tarde y mañana será un día un duro.
Luisa no sabía lo acertada que estaba al decir esa frase, su hija necesitaba descansar para superar un miedo y lograr un sueño. Sería un día muy especial que marcaría su vida.

Carla le escribió un mensaje a Paula agradeciendola todo, pero esta no le contestó, por lo que supuso que estaría todavía con los chicos.

Carla no se equivocó al deducir porque no le había contestado el whatsapp.
Paula seguía con los chicos.
-Y yo que pensaba que el gracioso era Carlos, pues tú no tienes nada que envidiarle –le dijo Paula a Blas aún riendo.
-Gracias por el piropo cara de topo
-Bueno, eso es por que estas tú aquí, y el chico se hace el guay, sino ni siquiera habla –dijo David riendo
-Eso no es cierto –dijo Blas
Todos se reían y gastaban bromas para pasar el rato, mientras esperaban a que Carlos volviera para volver al hotel.
-¿Qué hora es? Y ¿Carlos? ¿Aún no ha vuelto? –dijo Dani, mirando constantemente el reloj
-Pareces su madre –dijo Álvaro riendo
-Creo que todos queremos descansar, y hasta que no vuelva el pendón no podemos –dijo Dani defendiéndose
-Hablando del rey de roma –dijo Álvaro señalando a Caros que se aproximaba hacia ellos
-¡Hola chicos! Veo que aún seguís acompañados –dijo sonriente
-Y yo veo que tú no, ¿dónde esta Carla? –le preguntó Alvaro
-En casa de su abuela
-Entonces, ¿nos volvemos ya al hotel? –dijo David
-Bueno, depende lo que quiera Paula, también esta con nosotros –dijo Blas
-No importa, yo también estoy cansada –dijo Paula
-Pues todos a dormir –comentó Dani muerto de sueño.
Todos rieron al ver lo desesperado que estaba Dani, por irse a dormir.
-¿Quieres que te acompañemos? –le preguntó Carlos
-No importa, llamo a mi padre
-Pero es tarde para molestarlo. Te acompañamos nosotros, bueno Dani no tiene fuerzas, pero el resto si –dijo Blas riendo
-Ey, que yo si hace falta le acompaño. Que aguanto eso y más. ¿Vives muy lejos Paula? –dijo esperando que la respuesta fuese no
-No. A diez minutos de aquí andando
Dani sonrió. Y el resto sonrieron al comprender el porque de su sonrisa
El camino se hizo ameno ya que los chicos estaban cansados y decía más tonterías de lo normal.
-Gracias por todo chicos de verdad. Me ha encantado conoceros –dijo depidiéndose.
-Igualmente. ¡Buenas noches guapa! –dijeron todos a la vez
Le dio dos besos a cada uno, y entró en le portal, una vez hubo entrado, los chicos se fueron al hotel guiados por el GPS de Carlos, que había actualizado para poder darle la “sorpresa” a Carla.