"Auryn más allá de la realidad" idea original Boyband @aurynoficial La historia y personajes presentados son pura ficción, cualquier semejanza con la realidad es pura casualidad.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Capítulo 26: Sirve cafés
Los chicos llegaron muy cansados del viaje y se fueron cada uno a sus respectivas casas para disfrutar de las dos semanas que tenían de "vacaciones", aunque esas dos semanas acabasen siendo una debido a las reuniones y preparativos que tendrían que ir haciendo antes del próximo concierto.
Eran las nueve de la mañana, la luz se abrió paso por las rendijas de la persiana, iluminando la habitación. En ese instante Álvaro se maldijo así mismo por no haberla cerrado bien la noche anterior. Con tanta claridad no podía volver a conciliar el sueño, intentó seguir durmiendo con la almohada sobre la cara, pero le fue en vano. Tras hacerse el remolón sobre la cama un rato más, decidió levantarse. Miró el reloj, nueve y media. Miró el calendario, diecisiete de Octubre. Sólo le quedaba una semana de descanso.Se dirigió a la cocina.
Su casa era acogedora, vivía sólo por lo que nunca tenía la preocupación de molestar a otro; pero él debía encargarse de todas las tareas de la casa, su trabajo no le dejaba mucho tiempo para ello, por eso su hermana se pasaba de vez en cuando y le echaba una mano, cosa que él le agradecía profundamente.
Entró en la cocina, era pequeña, tenía una gran encimera que cubría toda la parte derecha de la misma y enfrente se encontraba el frigorífico y otros muebles de cocina. No tenía mesa. Eso indicaba el poco tiempo que pasaba en ella; solía desayunar de pie a causa de las prisas, y no comía en casa. Cogió una de las tazas del mueble y se sirvió un poco de café con leche que había sobrado de la mañana anterior. Lo metió en el mircroondas un par de minutos, mientras esperaba a que se calentase miró el móvil por si tenía algún mensaje. Tenía uno del manager del grupo quería que fuera a la oficina a las doce. Álvaro volvió a mirar el reloj, eran las diez menos veinticinco, tenía tiempo de sobra. Sacó la taza del microondas y se fue bebiendo el café a pequeños sorbos. Dejo la taza en el fregadero y regresó a su habitación.
La habitación de Álvaro era de un cálido color crema, que contrastaba con el oscuro color marrón de sus muebles. Esos colores transmitían tranquilidad, por eso Álvaro adoraba pasar tiempo en su habitación. Se dirigió al armario y se pudo un chandal y unas deportivas. Cogió un reproductor de música, las llaves de casa y se dispuso a irse a correr un rato.
Al salir de casa, se dirigió al ascensor, miró que estaba en el primero, y él vivía en un séptimo. Se puso los cascos, encendió el reproductor de música y bajo por las escaleras de dos en dos.
Al salir de su edificio se paro. No podía empezar a correr aún, vivía en pleno centro y por su calle pasaba mucha gente. Cruzó varios pasos de peatones hasta llegar a un lugar más despejado. Estiró un poco las piernas y comenzó a correr. Pasó por medio de un parques lleno de niños, Álvaro les sonreía, recordaba lo bien que lo pasaba él de niño en esos parques, como jugaba sin preocupación, no tenía horarios, no tenía responsabilidades. Pasó el parque y continuó por unas calles que desconocía, pero decidió adentrarse en ellas para explorar la zona; eran casas iguales, pero de diferentes colores, le recordaba a las casas inglesas que tanto llamaban su atención, volvió a sonreir y se dió media vuelta para volver a su casa.
Al otro lado de la ciudad, un despertador comenzó a sonar estrepitosamente. María lo apagó de un golpe, era la cuarta vez que sonaba. Se frotó los ojos y miró la hora, las diez y media. María se incorporó rápidamente y se dirigió al baño.
María aún vivía con sus padres, pero pocas veces lo notaba, sus padres solían trabajar muy a menudo, por lo que pasaba la mayor parte del tiempo sola.
Se dio una rápida ducha. Se puso el albornoz y una toalla envolviendo la cabeza; se dirigió al armario y tras estar un rato revolviendo la ropa; cogió una camiseta básica blanca y una falda de tubo negra. Se puso unos tacones negros que estaban sin estrenar por lo que decidió meter en el bolso un paquete de tiritas. Se puso un collar largo, un poco que maquillaje y se quitó la toalla del pelo. Volvió a mirar la hora, las once, no le daba tiempo de más, salió de casa con el pelo mojado, tenía suerte de que su pelo era liso, y no se iba a notar demasiado que estaba sin peinar, pero hacía frío e iba a coger un buen resfriado por ello.
Salió de su edificio y cogió un taxi, tuvo suerte, había uno justo enfrente de su puerta. El taxi tardó menos de una hora en llegar a su destino, definitivamente era su día de suerte. Pagó al taxista y se dirigió a un paso ligero hacia la oficina, hoy era su primer día de trabajo y no podía permitirse llegar tarde.
Entró en el gran edificio de paredes muy altas y blancas, lo que hacían que pareciesen interminables. Se montó en el ascensor y subió hasta la planta donde tenía que trabajar.Al llegar se encontró con un hombre que miraba constantemente el reloj. María se puso roja.
-Buenos días-dijo con tono firme. María ya llegas tarde tu primer día. La has liado, parece enfadado. Pero sólo me he retrasado un minuto, no creo que sea para ponerse así.
-Buenos días-le contestó el hombre sonriente-tú debes ser la nueva ¿no? -preguntó sonriente mientras volvía a mirar el reloj y suspiraba
-Si. Me llamo María-contestó mirando fijamente al hombre. Pues no es por mi retraso, creo que ni lo ha notado, ¿Por qué mira tanto el reloj? se preguntaba María -¿Ocurre algo? -se atrevió a preguntar.
El hombre levantó la cabeza volviendo a mirarla.
-Que siempre hacen lo mismo, son unos tardones, la próxima vez les diré media hora antes, para que lleguen puntuales.
-¿Quienes?-preguntó María sin comprender nada aún.
En ese momento entró Álvaro por la puerta.
-¡Buenos días!-dijo sonriente
-¡Ya era hora!-contestó el hombre
-Sólo me he retrasado cinco minutos -dijo Álvaro mirando el reloj para comprobarlo
-Pero tú sueles ser el más puntual y te has retrasado cinco minutos, imagínate el resto -dijo el hombre con tono enfadado
-Llámalos para que se aligeren-contestó mientras se sentaba en una de las sillas de la sala.
Era una sala pequeña, y acristalada, en el centro había una gran mesa de color negro, con muchas sillas de color burdeos a su alrededor.
-¡Tú! ¿A ti te conozco verdad? -preguntó María mirando a Álvaro
-¡Es verdad!-dijo tras haber estado un rato mirándola para reconocer quién era- pero no recuerdo tu nombre-terminó diciendo sonriente
-Soy María-dijo con una sonrisa- Álvaro, si no me equivoco, me alegró verte aquel día.
-Sí, Jil es así, pero mira, conseguiste el trabajo -contestó sonriente.
-Eso es verdad -contestó sentándose en una de las sillas al lado de Álvaro
En ese momento aparecieron por la puerta el resto de los chicos.
-¡Ya era hora! -les gritó el hombre en un tono enfadado.
-¡Lo sentimos! Hemos pillado mucho tráfico-le contestó Carlos.
-¿Y ella? ¿Eres nueva? -preguntó Dani señalándola.
-Si, empiezo hoy, me llamo María. ¿Vosotros sois? -dijo mirando a Dani, ya que eres el que le había preguntado
-Somos Auryn-dijo David
-¿Qué? -contestó María, pues no entendía nada.
-Yo soy Carlos-dijo sonriente-Él es David-dijo señalandolo-Dani, Blas y Álvaro-les presentó.
-Encantada. A Álvaro ya lo conocía -en ese momento a María se le escapó una sonrisilla.
-¡Ah! ¿Y a qué te dedicas? ¿Cantas? -le preguntó Blas.
-No. Quiero ser compositora, pero de momento...
-Sirve cafés y hace fotocopias-le cortó Álvaro
-Sé decirlo solita -dijo María mientras fulminaba a Álvaro con la mirada.
-Pues traenos unos capuccinos por favor, con las prisas para no llegar tarde, no nos ha dado tiempo -pidió Dani
-Prisas dice-comentó el hombre-dejate de trolas y centrate en lo que vamos a hacer.
María se pasó la mañana haciendo fotocopias y sirviendo cafés. No le entusiasmaba demasiado lo que estaba haciendo, pero era el camino que le abriría las puertas hacia su sueño, que era componer.
Los chicos, miraron un par de canciones, que artistas consagrados se las cedían para que hiciesen alguna cover, y examinaban cual encajaba mejor con sus voces, y así poder añadirla al nuevo disco.
Al final de la jornada, María regresó a la sala acristalada para recoger sus cosas y marcharse a casa, solo había servido cafés, pero estaba realmente agotada. Al dirigirse al ascensor, se chocó con alguien.
-Perdona -dijo María sin levantar la cabeza del móvil
-Te gusta chocarte conmigo-le contestó la otra persona.
María levantó la cabeza y se encontró con Álvaro.
-¿Qué haces aún aquí? -preguntó María
-He olvidado unas cosas y venía a recogerlas. ¿Ya te vas?-le contestó Álvaro
-Si. mi turno ya ha terminado.
-Espérame y nos vamos juntos-dijo con una sonrisa.
-Vale.
Álvaro entró en la sala, recogió los papeles que había olvidado, y ambos se montaron en el ascensor.
-¿Qué tal tu primer día? -comenzó Álvaro la conversación, mientras esperaban que el ascensor llegase
-Estoy cansadísima y eso que no he hecho nada más que servir cafés -dijo con tono cansado
-Bueno, esto es una prueba para comprobar que realmente te interesa el trabajo y estas dispuesta a hacer lo que sea, después te colocarán en donde realmente quieres. Si has entrado es porque eres buena -dijo Álvaro animándola
-Gracias por los ánimos
-De nada. Por cierto, ¿haces algo ahora?
-No, ¿por qué?
-Por si te apetece cenar conmigo y me cuentas más sobre ti. Quiero conocer a mi nueva compañera de trabajo -dijo poniéndo una sonrisa seductora
-Vale. ¿A dónde quieres ir?
-¿A mi casa?
-Esta bien. ¿Vives muy lejos?
-No. Está muy cerca. He venido andando hasta aquí.
Ambos salieron de la oficina sonrientes, llamando la atención entre el resto de las personas que salían de aquella oficina, por su juventud y por la sonrisa que marcaba su rostro, ya que el resto de trabajadores no salían especialmente contentos. Empezaron a andar hacia la casa de Álvaro mientras iban hablando de sus gustos, inquietudes,de su familia, sueños,...
-Es aquí-dijo Álvaro deteniéndose frente a un portal e introduciendo la llave en la ranura para poder entrar.
-Es bonito-contestó María mirándolo con detenimiento
-Gracias.
Llamaron al ascensor, pero estaba tardando demasiado.
-¿En qué planta vives?-preguntó María
-En el séptimo ¿por?
-¿Subimos por las escaleras?
-Vale
Empezaron a subir por las escaleras, cuando llegaron a la quinta planta. María miró a Álvaro.
-Tonto el último-gritó y empezó a correr escaleras arriba.
Álvaro se rió y empezó a correr detrás.
Ambos llegaron a la planta con la lengua fuera. Álvaro abrió la puerta y pasaron a la casa.
María miraba todo con sumo detalle.
-¿Te gusta? -le preguntó
-Se ve acogedora. Me gusta mucho. ¿La has decorado tú?
-Si, bueno me ayudó mi hermana, tiene mucho gusto para estas cosas.
-¿Vives con tu hermana?
-No.Vivo solo.
-¡Ah! -contestó quedándose callada y pensativa
-¿Qué quieres cenar?
-Lo que me prepares-contestó sonriente
-Será lo que preparemos porque tú también cocinas mona
-¿Me invitas a cocinar? Tendras jeta -contestó María riendo
-Te he invitado a cenar, no di detalles
-Tienes razón -confesó María
Ambos se pusieron a cocinar, ninguno era muy hábil en ello, por lo que dejaron la cocina hecha un desastre.
Cenaron en el salón, pues no había mesa en la cocina. Al terminar de cenar recogieron todo incluido el desastre creado en la cocina al intentar hacer la cena
-Ha quedado rica. Me voy a replantear esto de cocinar -comentó María riendo
-Pues a mi no me invites a probarla, prefiero conservar mi estómago en buen estado
-Oye, que cocino bien.
-Si, si -contestó riendo
-Señorito Álvaro se está usted columpiando-le amenazó María con la sartén que estaba fregando en la mano
-Uy que miedo-dijo riéndose
-Con que esas tenemos, ¡Eh! -dijo enjuagando la sartén y apoyándola en la encimera
Álvaro se rió y salió corriendo por el pasillo
-No huyas
-Para que me pegues, me voy a quedar yo allí-dijo continuando con su carrera hasta llegar al final del pasillo
María llegó al punto donde se encontraba Álvaro.
-Ya no puedes escapar -dijo sonriente
Álvaro se acercó a María, la miró a los ojos. María se quedó quieta. ¿Qué hacía? .Álvaro se acercó un poco más. María se acercó también a él. Álvaro la cogió por los hombros y la giró quedándo él en la posición que antes ocupaba María y a la inversa.
-¡Já!.Vuelvo a ser libre -dijo volviendo a huir
-Eres un tramposo- gritó mientras entraba en la habitación de Álvaro y se sentaba en la cama
Álvaro entró tras ella
-Es que verte amenzándome con la sartén en la mano me imponía respeto.
-Pero en el pasillo no tenía sartén
-La escena se quedó grabada en mi mente-dijo mientras se sentaba en la cama junto a ´María
-Pues vas a tener que compensarme
-¿Yo?-preguntó Álvaro confuso
-Si, tú, por daños y perjuicios, has echo trampas. Estabas acorralado. Yo iba a obtener mi venganza y no me has dejado
-Esta bien ¿Y cómo he de compesarle señorita?
-Usted sabrá. Antes hizó algo por lo que iba a perdonarle mi venganza
-¿Qué?
-Piensa
Álvaro sonrió al darse cuenta, de a que se refería María. La volvió a mirar a los ojos, pero esta vez fue ella la que se acercó y le besó, asegurándose que Álvaro no hiciese una de las suyas.
Continuaron ahí sentados sobre la cama besándose, esos besos cada vez contenían más pasión. Álvaro comenzó a levantar la camiseta de María hasta que salíó de debajo de su falda, ya que la llevaba metida por dentro. Paró y miró a María quien con un leve gesto de asentimiento indicó a Álvaro todo lo que quería saber.
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Ohh!!! Que monooo!! Me encantaaa!! Espero que en el próximo capítulo salga Carlos <3 Me encanta comos escribes. Sigue así ^^
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