viernes, 10 de agosto de 2012

Capítulo 20: El rencuentro



Carlos se quedó inmóvil, miraba fijamente a Carla sin articular palabra alguna.
-No se porque, pero creo que no me esperabas –dijo Carla riendo intentando romper ese incómodo silencio.
Aún seguían en la salida del concierto, estaban rodeados de fans, y pronto llegarían más.
El manager de los chicos se acercó y se llevó a Carlos, que aún estaba aturdido, para salir de allí y dirigirse a los estudios donde les harían una entrevista para un canal gallego. Los chicos se despidieron saludando con un gesto de la mano, y se metieron en el coche.

Paula volvió a preguntarle que había pasado, porque Carlos se comportó así, pero ella no contestó. Simplemente se limitó a seguir con la mirada como se alejaba el coche en el que los chicos iban montados.
De repente el móvil de Carla comenzó a vibrar. Era un mensaje. Tras leerlo en su cara se dibujo una amplia sonrisa.

-¿Qué pasa?-preguntaba Paula cada vez con más curiosidad.
-Muchas cosas en poco tiempo. Ya te contaré ahora he de buscar a mi madrina.
-Vale. Te acompaño

Ambas chicas fueron a buscar a la madrina de Carla, al encontrarla le enseñó el mensaje que había recibido. Era de Carlos.

(Carlos): Siento no haberte dicho nada, no pude ni supe como reaccionar. ¿Qué hacías tú allí? Pero bueno, ahora que se que estas por aquí me gustaría quedar para aclara algunas cosas y esta vez te prometo que no me quedaré en estado de Shock. J. Contestame con sitio y hora si quieres que nos veamos.

Su madrina lo leyó y animo a Carla a ir. Lo peor ya había pasado,¿Qué podía perder yendo? y esas cosas que aclarar  podían ser lo que Carla necesitaba para animarse. Carla hizo caso a su madrina y a Paula que también le animó aunque no entendía nada de lo que pasaba.

(Carla): Puerta del centro comercial Gran Vía. A las diez y media?? J
(Carlos): Perfecto J

Eran las ocho y media de la tarde. Aún quedaban dos horas para que se produjese el encuentro. Carla se despidió de su madrina y se fue con Paula de tiendas para hacer tiempo hasta la hora acordada.
Paula aún sentía curiosidad de saber porque Carlos se comportó así. ¿Habría pasado algo entre ellos?
-Carla… -comenzó Paula tímidamente
-¿qué?
-¿Me cuentas ahora que ha pasado con Carlos? ¿Por qué ese comportamiento? –dijo mostrando un poco de alivio, porque había conseguido preguntarlo de nuevo con naturalidad.
Carla se rió.
-¡Claro! Pero es una larga historia –dijo poniéndose algo mas seria.
Carla le contó todo lo sucedido desde que les conoció a todos en Madrid, hasta la despedida en el hotel, saltándose algunas partes, ya que todo no se lo iba a contar pero lo suficiente como para que su amiga entendiese la historia y siguiese teniendo emoción.
Paula se quedó boquiabierta cuando Carla terminó de contárselo.
-¿Y para que quiere quedar? –preguntó Paula mostrando una excesiva curiosidad.
-Para hablar
-¿De qué?
-No lo sé, por eso voy a ir. Para averiguarlo-dijo Carla con un tono asustado
Ya eran las nueve y media. Carla y Paula continuaron visitando tiendas. El tiempo para ellas avanzaba lentamente, porque no paraban de pensar que pasaría a esa hora.
-Estoy nerviosa –dijo Carla mirando el reloj en su muñeca izquierda
-No va a pasar nada, bueno, nada malo –dijo Paula abrazando a su amiga
-¿Vienes?
-¿Dónde?
-Al centro comercial, es para no ir sola. Estoy muy nerviosa.
-Te acompaño pero cuando lo encuentres me voy.
-Gracias –dijo Carla sonriente
Empezaron a andar hacia el centro comercial aunque faltase media hora para que Carlos llegase.
Una vez allí, subieron a la segunda planta y entraron en una tienda para ver algunos CD’s y películas.
Carla encontró “Perdona si te llamo amor” de Federico Moccia, andaba detrás de él desde hace varios meses y por fin lo había localizado. Se giró para enseñárselo a Paula y se choco con alguien.
-Perdona –dijo Carla sin ver quien era.
-Perdonada. ¿Qué haces ya aquí? -contestó
Esa voz le resultaba familiar. Carla decidió levantar la mirada, y se topo con la cara de Carlos. Estaba muy sonriente, y llevaba la misma ropa que en el concierto, no había regresado al hotel, eso significaba que el resto de chicos andarían por aquí cerca.
-¡hola de nuevo! –dijo Carla sonriente con un tono nervioso
-¡Hola! –dijo él acompañado de una pícara sonrisa
-¿Qué haces aquí? ¿No podías esperar hasta las diez y media para verme? –dijo Carla burlona
-Tanto se ha notado –dijo riendo -¿Y tú? También has llegado antes de la hora. ¿Me echabas de menos?
Carla se quedo callada. ¿Me echabas de menos? Esas palabras pronunciadas por Carlos, le dolían.  Desde su regreso del viaje, no había pensado en nadie más, no quería estar con nadie más aunque detrás de ello hubiese la repetición de una historia que acababa dolorosamente. Pero a ella no le importaba revivir ese dolor si también podía revivir todos esos momentos junto a él. Pero todo esto no se lo podía decir ahora,  no sabía que quería Carlos y no lo podía estropear.
Se limitó a soltar una leve sonrisa como respuesta.
-¿Qué has encontrado? –dijo quitándole el libro de las manos -¡Perdona, si te llamo amor! –dijo leyendo el título del libro
Carla seguía inmersa en sus pensamientos cuando escuchó a Carlos decir: “Perdona si te llamo amor”
-¿Qué? –dijo Carla aturdida
-¡Perdona si te llamo amor! –repitió él
-¿Y eso?
-Es el título del libro que tenías en las manos. ¿No? –dijo mostrándole el libro que ahora tenía el en sus manos.
-Si –dijo Carla tímida, al comprender que había sido un malentendido, pero aliviada porque al parecer él no se había dado cuenta.
Carlos miró el reloj.
-Ya son y media. Oficialmente has quedado conmigo, aunque el lugar haya cambiado. ¿Qué quieres hacer?
-Primero voy a comprarme el libro. Llevo mucho tiempo detrás de él.
-¿Detrás de quién?-dijo Carlos curioso
-¡Del libro! –dijo ella riendo e intentando quitárselo de las manos.
-Te lo doy con una condición –dijo con una sonrisa burlona
-¿Qué condición? –preguntó ella inocente
Carlos se rió. Y la miro fijamente a los ojos.
-Nos vamos a donde yo quiera –dijo él con su cara a escasos centímetros de la de ella.
-¿Sólo eso? ¡Vale! Me habías asustado –dijo ella sonriente pero sin separarse de él.- Ahora dame el libro.
-Si, si, solo eso –dijo mientras se reía maliciosamente y se pegaba un poco más a ella rozando sus labios.

En ese momento llegó Paula, que llevaba un rato buscando a Carla, y venía a avisarle de que ya era la hora.
-¡Ups!. Siento interrumpiros. Carla, yo ya me voy, veo que te dejo en buena compañía. Llámame luego vale –dijo rápidamente poniéndose roja
Ambos se separaron rápidamente, y se pusieron mirando a Paula.
-¿Y tú eres? –dijo Carlos intentando reconocerla
-Paula. Soy amiga de Carla
-Yo soy Carlos –dijo dándole dos besos.
-Ya lo sabía
-¿Ah sí? –dijo extrañado -¿Se los ha dicho tú? –pregunto dirigiéndose a Carla
-No. Es fan vuestra –dijo Carla sonriente
-¿Y aparte de Auryner  eres algo más? –preguntó Carlos sonriente
-¡Pastelita! –contestó cada vez más colorada
-Por el color  de tu cara se nota. Resalta el rojo que hay en ti –dijo riendo –Los chicos están por aquí. Ven conmigo, les busco y te los presento –dijo sonriente

Los tres salieron de la tienda después de que Carla se comprase el libro. Bajaron a la primera planta y encontraron a David y Álvaro sentados en un banco comiéndose un helado.

-¡Ey chicos! –dijo Carlos llamando la atención de sus compañeros
David y Álvaro se levantaron y se dirigieron hacia Carlos. Al llegar allí, vieron a Carla a su lado.
-¡Hola Carla! ¿Qué haces tú aquí?- dijo David saludandola
- ¿Habéis quedado los dos? –preguntó Álvaro mientras su mirada iba de Carlos a Carla y a la inversa.
-Mas o menos –dijo Carlos –Os presento a Paula, es una amiga de Carla, y como me la voy a llevar un rato, la dejo en compañía.
-Encantado –dijo Álvaro dándole dos besos
-No has dicho en buena compañía –dijo mientras imitaba el gesto de Paula
-Tampoco voy a mentir a la chica, yo no voy a estar con ella, por lo que el adjetivo buena no puede ir incluido – respondió entre risas
-Por cierto, yo soy David y él es Álvaro.
-Ya os conozco, soy fan vuestra –dijo Paula sonrojada
-¡Mira que bien! –dijo David -¿Y tienes preferido?
-¡Si! –dijo ella más colorada aún
-¿Y es? –dijo Álvaro riendo por lo que le estaba costando arrancar a la chica
-Soy pastelita
-Pues nada Álvaro vete –dijo riendo
-¿Y los demás? –preguntó Carlos
-Dando una vuelta. Hemos quedado para tomar algo después. ¿Vienes? Bueno, ¿Venis? –contestó Álvaro
-Ya os llamo si eso.
-Nosotros nos vamos a dar una vuelta. Os llamamos más tarde –se despidió Carlos mientras se giraba y traía a Carla junto a él.

Carla y Carlos se alejaron y tras ellos se oyeron unas risas procedentes de los chicos que se habían quedado allí.
-¿A dónde vamos? –preguntó Carla curiosa
-¡Sorpresa!
-¿No me lo vas a decir?
-¡No!
-Pues entonces no voy –afirmó Carla dejando de andar
-Pero me lo has prometido –insistió él
-Pero no te prometí cuando iría. No voy a ir hasta saber donde me llevas –puntualizó Carla cruzándose de brazos.
Carlos se rió.
-Con que… ¿no vas a moverte? –dijo con una sonrisa traviesa.
-¡Exacto! –contestó ella riendo.
Carlos cogió a Carla en brazos y continúo el camino.
-¡Esto es trampa!¡No vale! ¡Dime donde vamos! ¡Carlos! ¡Ahhhhh! –gritaba pataleando
Carlos reia mientras continuaba el camino sin responder a las quejas de Carla.
-Dijiste que no te moverías para ir. Pues te muevo yo –dijo con tono triunfante.

Carla le miró mal.
-Anda, si te encanta que te lleve –comentó Carlos convencido.
Carla sonrió en modo de respuesta.
De repente Carla dejó de mirar a Carlos y miró a su alrededor. La gente que pasaba por su lado, les miraban y se reían. Carla se empezó a sonrojar.
-¡Bájame! Ya ando yo el resto del camino, te lo prometo, pero bájame por favor.
-¿Por qué?
-Porque nos mira todo el mundo –contestó Carla aún colorada
-¿Y?
-Me da vergüenza. ¡Bájame! ¡Por favor!
Carlos la dejó en el suelo. Carla estaba comenzando a andar cuando él la cogió de un brazo y tiró de ella hacia sí.
Ambos quedaron pegados uno frente a otro. Sus miradas se encontraron.
Estaban fijas, inmóviles. Carla no pudo resistirse más, se acerco aún más a él, y lo beso como si fuese la última vez.
Afortunadamente ese beso fue correspondido y seguido por él. Quien también se moría de ganas de besarla.









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