Continuaron besándose en
medio de la calle, con gente pasando a
su alrededor y mirándolos. Pero en ese momento nada les importaba.
-¿A dónde vamos? –preguntó
Carla sonriente separándose de Carlos.
-Aún sigues con eso –contestó
riendo –te dije antes que era sorpresa.
Carla le sacó la lengua y
ambos rieron.
Se cogieron de la mano y
Carlos le guió hasta aquel misterioso lugar.
-Cierra los ojos –le pidió
Carlos
-¿Para?
-Vamos a llegar ya. Quiero
que sea sorpresa.
Carla cerró los ojos
obediente y siguieron andando de la mano.
De repente se dejó de
escuchar el murmullo de la gente. Carla agudizó el oido para averiguar donde
estaban. ¿El mar? Si, era el sonido de las olas al romper contra la arena. ¿Le
había llevado a la playa? ¿A cuál? ¿Cómo conocía Carlos ese sitio, si era la
primera vez que iba a Galicia? ¿Había estado antes? ¿Habría llevado a más
chicas? ¿Por qué la llevaba allí? Carla empezó a formular en su mente una
pregunta tras otra, pero desconocía la respuesta de todas ellas.
-Ya hemos llegado –le informó
Carlos mientras retiraba su mano de la cara de Carla, para asegurarse de que no
había mirado en todo el camino.
Carla miró a su alrededor
resolviendo algunas de sus dudas.
Efectivamente sus oídos no la engañaban, se trataba de una playa. En concreto
Playa América, la playa a la que Carla solía acudir en su infancia todos los
veranos, cuando iba a visitar a la familia. ¿Era casualidad? ¿Conocía Carlos la
importancia de esa playa para ella?
-No has dicho nada. ¿No te
gusta? –preguntó Carlos, mirándola con preocupación- Pensé que….
-No, si me encanta, de
verdad. Eso solo que, es la playa a la que solía venir con mi familia en verano
–dijo ella con tono triste y pensativo
-¿Qué te pasa? ¿Te trae malos
recuerdos? –preguntó él preocupado.
-Que con 10 años, pise una
faneca, no fue grave, el socorrista me sacó el veneno del pie, y en pocos
minutos estaba bien. Pero desde ese día, no he vuelto a venir a esta playa, me
da miedo.
-Tranquila ahora estamos en
la arena, yo voy a estar contigo –dijo mientras la abrazaba.
Carla se aferró a él, y apoyó
la cabeza en su pecho.
-Entonces, ¿te ha gustado la
sorpresa? –preguntó Carlos de nuevo
Carla no contestó. Él se
separó un poco, para poder mirarla. Unas lágrimas comenzaban a recorrer el
rostro de Carla.
-¿Por qué lloras? –dijo
secándole las lágrimas y dándole un dulce beso en la frente.
-Porque todo esto es tan
raro,…
-¿Qué es raro? –preguntó
confuso
-Que yo sepa nunca, has
venido a Galicia. De repente te mueves por aquí, como si llevaras toda la vida
viviendo en esta ciudad, y para culminar me traes a la única playa de todo
Vigo, que tiene un significado para mí, y a la que hace 8 años que no venía.
¿Sabías algo de esto?
-¡Si!
-¿Sí? ¿Quién te lo ha dicho?
¿Por qué lo has hecho? –preguntó notándose demasiado la curiosidad que sentía.
Carlos rió, para relajar el
ambiente un poco. Pero no sirvió, Carla seguía con la misma mirada y
curiosidad.
-A la primera pregunta, por
contactos. Y lo hice, porque quería que superases tus miedos.
-¿Desde cuando te preocupan a
ti mis miedos? Carlos, has estado dos semanas sin hablarme, y sin verme, ¿y lo
primero que se te pasa por la mente son mis miedos? No entiendo nada,…
-Todo esta relacionado –dijo
sentándose en la arena frente al mar.
-¿Relacionado? ¿Qué relación
puede haber entre esta playa y lo que pasó en Irlanda? –contestó ella
sentándose junto a Carlos
-Más de la que crees, y si me
dejas, explicarlo, lo entenderás mejor.
-Adelante
-Haber como empiezo,..
-¿Por el principio?
Carlos fulminó a Carla con la
mirada
-Vale, vale, me callo, y te
dejo explicarte, aunque no sepas ni como hacerlo –dijo riendo.
-Veamos, tuviste un percance por llamarlo de alguna manera en
esta playa ¿no?, y a partir de ese momento no quisiste volver a intentar
bañarte, de ninguna manera, que lo hicieras no quería decir que te volviese a
pasar, pero por si acaso dejaste de venir. ¿Me equivoco?
-No
-Pues yo también tengo un
miedo, y tú querías obligarme a
superarlo a la fuerza.
-¿Ah sí? Lo siento. ¿Qué
miedo es?
-Cuando comenzamos con Auryn,
yo vivía en Alicante, allí lo tenía todo, mis amigos, familia, pareja. Por el
trabajo me tuve que mudar a vivir. Ella se llamaba Lucía. Hablamos lo de
continuar la relación a distancia, y lo vimos como una buena opción. Esa
relación duró unos tres meses. Esos 3 meses, no fueron los mejores de mi vida
precisamente, y con ella, no mantengo ya ninguna relación. No hemos vuelto a
hablar. Lo pasé muy mal con esa relación a distancia, y me prometí a mi mismo,
que las evitaría a toda costa.
-¡Lo siento! –dijo Carla
abrazándolo.
-Por eso te he traído aquí.
Quiero que comprendas el miedo que tenía a esa relación. Y quiero proponerte
algo.
-¿Qué? –dijo ella con los
ojos llorosos
Carlos le volvió a secar las
lágrimas. Y la besó. Al separarse, ambos de miraron sonrientes.
-¿Qué me vas a proponer? –
preguntó curiosa- ¿no será matrimonio?
Carlos soltó una carcajada
-¡No!¡No! Es totalmente
diferente. Si tú te enfrentas a tu miedo, te prometo que yo no me voy a separar
de ti, te prometo que yo me enfrentaré al mío. Pero el trato es ese, ambos
debemos enfrentarnos a nuestro miedo.
Carla sonrió en modo de
respuesta. Ambos se levantaron y se cogieron de la mano. Comenzaron a andar
hacia la orilla del mar, cuando estaban llegando Carlas tiró del brazo de
Carlos.
-Espera –dijo ella con la voz
atemorizada.
-No hay prisa
Carla dio otro paso hacia el
frente sin retirar la vista, de la marea, que subía y bajaba constantemente,
como si la invitara a entrar.
-¿Quieres que entre yo primero? Para que veas que no hay peligro
-No, no te separes de mi
–dijo Carla llorando
Carla dio otros paso, mojando
así sus pies con el agua de la orilla, que iba y venía. Cada vez caían más
lágrimas de sus ojos, y terminó abrazándose a Carlos.
-Si quieres podemos volver
otro día. Lo estas intentando, eso es un comienzo. El trato es superarlo, pero
lo estas intentando Carla, esto es un paso muy importante. Estoy orgulloso de
ti.
Carlos cogió a Carla en
brazos para alejarla de la orilla y la besó con ganas, como si se hubiese
estado reprimiendo todo este tiempo.
-¡Gracias!
-¿Por qué? –preguntó él
-Por ser como eres. Te quiero
–dijo volviendo a besarle.