viernes, 23 de agosto de 2013

Capítulo 36: El rey león


Los meses van  pasando. No han arreglado su problema. Ni siquiera lo han intentado. Ambos. Cabezotas. Testarudos. Tal para cual. Han dejado pasar el tiempo como si así se olvidaran el uno del otro.
Han rehecho sus vidas. Carlos mantiene una relación podría decirse que estable con Virginia mientras Carla no mantenía ninguna relación seria. No quería detenerse. Quería experimentar. Conocer gente. Comparar. Esta vez de verdad. Si comparar provocó todo este embrollo, comparando saldría de el. Pesaba que así podría encontrar al chico perfecto para ella. Lo que no sabía, o no quería saber, es que ya lo había encontrado.
Las amigas de Carla no estaban muy de acuerdo con su comportamiento. Con esta nueva actitud. Pero era su vida y no había quien la hiciese cambiar de opinión. Cabezota como nadie. María se llevo un tiempo intentando convencerla de que hablaran pero finalmente acabó rindiéndose. María la iba poniendo al día de todo lo que sucedía por allí.

Sonó un leve pitido. Un mensaje de María, "Madrid es muy grande, te hecho de menos y soy experta en camuflaje". Carla soltó una carcajada. Rápidamente respondió el mensaje, "Original forma de decirme que vaya a visitarte. Como me ha hecho gracia te prometo que lo pensaré. I love you"
Al momento le entró una llamada al móvil, como lo tenía en las manos lo descolgó enseguida.

-Dime petarda -dijo Carla descolgando el teléfono
-¿Cómo que te lo pensarás? -dijo María con tono enfadado pero riéndose a la vez -Ni pensar ni leches en vinagre, esta noche haces la maleta, mañana coges un tren y te plantas en mi casa.
-¡Uf!, mañana es muy precipitado.
-Carla, tia. ¡Que vengas! Enserio no tienes porque verle o verles si no quieres. Pero por huir de alguien no me castigues a mi de disfrutar de mi mejor amiga
-No sé María, me lo pensaré y ya te comento
-No quería recurrir a esto, pero.. -empezó María con tono misterioso- tengo dos entradas para ver el rey león, son para pasado mañana y..
-¿El rey león? ¿enserio? haber empezado por ahí. Ya lo he pensado. Voy -contestó Carla super entusiasmada
-Y la idea de verme a mi pasando ¿no? -dijo María indignada
-Era broma
-Si claro, claro
-Que tonta eres, bueno te cuelgo maría de la o,que tengo una maleta que preparar.
-Bye. Bye. Mi picolísima. Dama...
-Me dejó más sólo que un desierto dibidibidibida -continúo cantando Carla mientras reía -hasta mañana petarda, no me dejes mucho tiempo sola en la estación que sufro
-No, aguarda.

Carla subió a por su maleta burdeos y empezó a meter ropa cual poseída.
-¿A dónde vas? -le preguntó su madre asomando la cabeza a la habitación
-A casa de María
-¿Que María?
-Mi amiga de Madrid, no la veo desde aquella vez -dijo con tono apagado- y vamos a ver el rey león -terminó la frase con gran entusiasmo
-Me alegra verte tan motivada. Te viene bien alejarte de eso que te preocupa tanto que no me quieres decir
-Mamá no insistas -le contestó Carla viéndola venir.
-Bueno pues disfruta de esos días allí cariño. ¿Cuándo te vas?
-Mañana
-¿Mañana? Pero niña las cosas no se hacen así. Seguro que no tienes ni los billetes. Que niña de verdad, siempre dejándolo todo para el último momento -La madre de Carla seguía protestando sobre la poca organización de su hija mientras salía del cuarto de esta

Carla cogió el ipad. Buscó billetes hacia Madrid que saliesen al día siguiente. De tren no había. Mierda. ¿Y ahora qué? De avión es muy caro. Ave no hay desde Cádiz sería un lio. Bus.. ¿Bus?. Es más lento, pero es muy económico y mejor que nada. Buscó billetes de autobús y encontró uno que salía a las siete de la mañana de su ciudad. Joder encima tenía que madrugar. Bueno todo sea por ver el rey león. Compró el billete y llamó a María para informarle de la hora aproximada de llegada y de la estación en la que debía recogerla.

Esa noche no durmió. Estaba muy nerviosa. No sabía si por el espectáculo o por como reaccionar si casualmente se encontraba con alguno de los chicos. Para que engañarse. Temía encontrarse a Carlos. Se mirarían siquiera. Una duda tras otra fue formulándose en su mente formando una cadena interminable cuya respuesta desconocía.

El viaje se le hizo más ameno de lo que esperaba. Cuando quiso darse cuenta ya estaba entrando en Madrid. La estación de autobuses era diferente a la de trenes. Estaba más calmada. no había semejante ajetreo. Podía respirar y caminar sin ser empujada o golpeada por maletines que se balanceaban al compás del caminar de quien lo portase. Divisó unos bancos y se encaminó arrastrando su maleta hacia ellos para sentarse. Cuando iba a apoyar su trasero sobre el asiento escuchó a alguien gritar su nombre. Levantó la cabeza y vio a María correr a toda prisa en su dirección.

Carlos en la otra punta de la ciudad, estaba en una terraza tomando unas cervezas con unos viejos amigos.
De vez en cuando miraba hacia el infinito como buscando algo y luego volvía a introducirse en la conversación como si en ningún momento hubiera estado fuera de ella.
-¿Dónde está Virginia? -le preguntó uno de sus amigos
-De compras con su madre
-¿No te pidió a ti que le acompañaras?
-Si, pero no me apetecía hacer colas y sujetar bolsas -contestó riendo
-Chico inteligente -comentó otro amigo dándole unos golpes en la espalda mientras todos reían

El móvil de Carlos comenzó a sonar. Contestó sin mirar quién llamaba.
-¿si? -respondió al descolgar
-Carlos, ¿haces algo hoy? -le preguntó Dani
-Ahora estoy tomando unas cervezas con unos amigos, ¿quieres venir?
-No, ahora estoy con Laura. Pero esta noche me apetece salir por si te apuntas
-¿Por dónde? -preguntó Carlos interesándose por el plan
-Por el centro, cenamos en mi casa antes
-Me apunto. A las once me tienes en tu casa.
-Vale. ¡Hasta luego! -y colgaron

La tarde transcurrió rápida y amena. Dani y Carlos salieron de fiesta como habían acordado.
-¿Has llamado a estos? -preguntó Carlos
-Sí, pero no vienen. David está por ahí. Blas ha quedado con no se quién y Álvaro me dijo que iba a ver a María que la tiene algo abandonada -le respondió Dani
-¿Pero siguen juntos?
-Sí. Bueno ya sabes, a su manera -le respondió Dani
Entraron en un pub y se pidieron una copa. La noche transcurría entres conversaciones serias y bromas de amigos. Se divertían. La noche era joven. Y ellos estaban dispuestos a disfrutarla.



En la otra parte de la ciudad. Casa de María.
-Carla, ¿te apatece salir esta noche? -le preguntó María tras haber ayudado a su amiga a instalarse en su casa
-No. Estoy cansada. El viaje ha sido un palizón de los gordos -le respondió Carla
-Que exagerada eres. Bueno pues nos quedamos aquí. ¿Te hace una peli y palomitas?
-Me hace, me hace.

María fue a la cocina, cogió uno de los paquetes de palomitas y lo metió en el microondas. Mientas el paquete daba vueltas sobre el plato del microondas y las palomitas estallaban en su interior, María revisó su móvil. Tenía varios mensajes. Los fue contestando uno a uno sonriendo. El último era de Álvaro, le preguntaba si tenía algo que hacer aquella noche. Le respondió que tenía visita. Álvarose quedó pensativo. Quién estaría en su casa a esas horas. Sería alguna amiga. Pero ella solía decirle siempre el nombre de la persona con la que estaba aunque él no la conociera. Al final decidió preguntarle quién era su acompañante. María miró la pantalla del móvil, "¿quién se me ha adelantado? quiero desear esta noche su suerte"
-¿Suerte?, si tu supieras Álvarito -dijo María en voz alta
-¿Hablas sola? -le preguntó Carla gritando desde el salón
-No, con las palomitas que están tardando demasiado y verás que la mayor parte serán bolitas de maíz que no han estallado. Ya no compro más de marca blanca -mintió su amiga sonando bastante convincente
-Entonces era mejor que estuvieras hablando sola, disimula más tu locura –le respondió Carla riendo
-Todo lo malo se pega amiga –le contestó María mientras respondía el mensaje de Álvaro, “No te pongas celoso, es una chica. Es Carla”.
Álvaro se quedó boquiabierto al leer la respuesta. Carla había vuelto. Rápidamente la llamó curioso por saber más.
-Dime –le respondió María susurrando para que Carla no le escuchase esta vez
-¿Por qué susurras? ¿De verdad está Carla ahí contigo? –le preguntó Álvaro aún perplejo
-Si, para que no me escuche
-¿Cuánto tiempo hace que está en Madrid? ¿Por qué no me lo has dicho? Tengo que hablar con ella…
-Ey para el carro. Ha llegado esta tarde. Ha venido porque la he chantajeado para que me visitase. No Álvaro. Aún no. Primero tiene que hablar con quien ya sabes.
-Ya
-Y no le digas a nadie que ella está aquí
-Está bien y ¿cómo vas a hacer para que hablen? Sinceramente dudo que vayan a hacerlo por voluntad propia y menos si uno de ellos no sabe que ambos están en la misma ciudad
- De momento sólo tengo pensado como entretenerla y que se despeje, el reencuentro es algo que aún tengo que planear
-¿Qué has pensado?
-Pues mañana vamos a ver al rey león –sonó un pitido producido por el microondas indicando que ya había acabado el tiempo y las palomitas estaban listas – ya te iré contando. Espero convencerla pronto que tengo ganas de verte. Te dejo que va a sospechar –y le colgó.
María sacó el paquete de palomitas del microondas, empezó a notar una subida de la temperatura en sus dedos. Quemaba. Tiró el paquete sobre la encimera y sacudió su mano. Cogió una servilleta para no tocar el paquete directamente y vertió las palomitas en un bol. Regresó al salón con el bol entre las manos. Carla no estaba allí.

-Carla. ¿Dónde estás? –gritó María preocupada dejando el bol en la mesa
-En el baño –gritó su amiga
-Echa colonia después –le respondió María riendo
-Mi caca huele a rosas
-Si, marchitas
-Además estoy haciendo pis – se escuchó un pedo- eso ha sido un regalo, aromas de la casa, mucho mejor que tu colonia -seguía hablando Carla a gritos
-Que cerda eres tía. Voy eligiendo la película mientras rocías mi baño con tus aromillas
-Perfecto –contestó Carla riendo a carcajadas



En otro lugar de Madrid. Álvaro estaba tumbado sobre su cama pensativo .Carla estaba allí. ¿Qué debía hacer? .María le pidió que se mantuviera al margen hasta que Carlos y ella hablaran. Carlos ahora era muy feliz con Virginia aunque cuando alguien nombraba a Carla o salía algún tema que la relacionase se quedaba pensativo, cambiaba su expresión. Debían aclarar sus diferencias. Todo no iba a ser como antes, eso era muy difícil por no decir imposible que sonaba peor.
-Tengo ganas de verla de nuevo –pensó Álvaro una y otra vez – esos dos se van a ver “casualmente” muy pronto –terminó susurrando Álvaro mientras se ponía de costado sobre el colchón y cerraba los ojos.




Un nuevo día empezó o más bien el día esperado empezó. Carla estaba histérica. Corría de un lado para otro nerviosa. Llevaba mucho tiempo queriendo ver ese musical pero nunca había tomado la iniciativa e ir con María la entusiasmaba aún más. Lo dicho estaba histérica dando vueltas por la casa.
-Carla para quieta. Aún quedan seis horas
-Quiero que llegue ya la hora. Venga vístete ya
-Pero el espectáculo no va a empezar antes. Además es cerca de mi casa no tengo ganas de pasar calor esperando.
-Pues damos un paseo si quieres pero vámonos.
-Pues si tantas ganas tienes de salir vamos a hacer recados. Tengo que hacer la compra, recoger unos papeles de la oficina y limpiar el coche.
-Está bien. Mientras estemos entretenidas y se pasa el tiempo rápido lo que quieras
-Que chollo eres cuando estas nerviosa, tendré que probarlos más a menudo
Carla le dio un cosqui
-Que alivio es darte un cate, tendré que probarlo más a menudo –le contestó riendo

Las dos chicas salieron del edificio en busca del coche para lavarlo, meter en él la compra, recoger los papeles y regresar a casa.
-Nunca había estado en un túnel de lavado –dijo Carla mirando atentamente como se movían los rodillos
-Si querías que tu coche dejase de ser blanco con pintarlo habría bastado no hace falta convertirlo en negro de forma natural –dijo María riendo
-Yo limpio el coche a mano imbecila. Manguera, esponja y jabón

Tras haber dejado el coche como los chorros del oro fueron al supermercado para llenar la nevera.
-¿Has hecho lista de lo que nos hace falta?
-No, nunca la hago
-Pues muy mal. Así sólo compras caprichos y olvidas lo que de verdad necesitas. Eres una derrochadora.
-Como se nota que este año has estudiado economía
-Quería utilizar los conceptos aprendidos y no sabía como –le respondió Carla. Las dos amigas se miraron y empezaron a reír a carcajadas.

Última parada. Recoger los papeles. María llevo el coche hasta su oficina.
-¿Vienes o me esperas en el coche? –le preguntó María mientras se  bajaba del asiento del conductor
Carla miró el edificio
-¿Vas a tardar mucho?
-No creo. Espérame aquí. Si te agobias te dejo las llaves cierras y te das una vuelta. Si necesitas algo estoy en la planta de arriba.
-Vale.

María salió escopetada hacia la oficina. Debía tardar lo menos posible. Saludo a la recepcionista sin comprobar siquiera si esta la estaba mirando. Subió las escaleras de dos en dos, suerte que se había puesto sandalias planas ese día. Se dirigió hacia su mesa y empezó a buscar los papeles que necesitaba por los cajones.

-¿Qué buscas? –le preguntó una voz
María asomó la cabeza. Era Jilgorio.
-Busco los papeles que me entregó ayer
-Están en el despacho acristalado.
-Vale, gracias. ¿Qué hacen allí?
-Necesitaban las letras y les dí permiso para cogerlas
-Vale, voy a por ellos entonces

María se dirigió hacía aquel despacho. Estaban todos. Todos los chicos allí reunidos.
-Siento interrumpiros pero necesito los papeles que habéis cogido de mi mesa –dijo María sin entrar del todo en el despacho
-¿Todos? –le preguntó David –luego te los acercamos, estamos examinando las propuestas
-Los que tienes un possit verde están revisados y aprobados, esos os los podéis quedar. Los que no tienen nada me los tengo que llevar
-¿Pero hoy no tenías el día libre? –le preguntó Carlos
-Si, por eso me lo llevo a casa –dijo María justificándose
-Vaya planazo para un día libre, venir a la oficina a recoger papeles. Cuando tenga días yo te pediré ayuda para divertirme –le respondió Carlos riendo sarcástico
María rió su gracia. Si él supiera el plan que tenía y quién la esperaba abajo no reiría tanto.
-Ahora te los doy –le respondió Álvaro separando los que tenían possit de los que no
 María salió de aquel despacho. Después salió Álvaro con los papeles en la mano y cerró la puerta tras él.
-Gracias –dijo María cogiendo los papeles
Álvaro se acercó a ella y le dio un leve beso en los labios.
-¿Y Carla?
-La he dejado abajo no creí conveniente que subiese conmigo y menos mal
-¿A qué hora vais a ver el rey león?
-El espectáculo empieza a las ocho. Pero lleva todo el día histérica, ahora voy corriendo a comprobar si sigue viva
-Divertiros –se despidió con otro leve beso y volvió a entrar en la oficina


María regresó al coche y allí estaba su amiga con las ventanillas bajadas y los pies en el salpicadero parece ser que tarareando alguna canción.
-Papeles recogidos –dijo María con los papeles en alto a la vez que entraba en el vehículo
-Has tardado
-Los papeles no estaban donde los dejé, los cogieron. Pero ahora ya nos podemos ir, un espectáculo nos espera
-Yeahhh! –gritó Carla

El espectáculo transcurrió rápidamente. Debe ser que cuando algo te gusta o te lo pasas bien el tiempo le da por correr para fastidiarte. Carla y María salieron con el culo dolorido de estar tantas horas sentadas y con las lágrimas saltadas
-Gracias –dijo Carla abalanzándose sobre su amiga para abrazarla –me ha encantado. Gracias. Gracias. Gracias
María le dio un beso en la mejilla y la abrazó fuerte
-No me las des, a mi también me ha encantado y tenía ganas de verte
Las chicas salieron del edificio destacando y criticando diferentes aspectos del espectáculo.
-Voy al baño, no aguanto más. ¿Vienes? –dijo María dando pequeños saltitos para aguantar un poco más
-No, te espero sentada en las escaleras. Necesito que me de el aire un poco
-No tardo –dijo María corriendo en dirección al aseo
Carla se sentó en los escalones sonriente y se quedó mirando un punto fijo en el horizonte.


Por otra parte, Álvaro guiaba a Carlos hacía un nuevo restaurante del que había oido hablar maravillas.
-Álvaro creo que estamos dando vueltas a lo tonto, ¿no hemos pasado ya por aquí?
-Cómo te va a sonar si vas todo el rato mirando el móvil, cualquier día te empotras contra una farola –le contestó riendo
-La funda de mi móvil me da más conversación que tú. Si no me entretienes algo tendré que hacer –respondió Carlos picado
-Quédate con el camino por si te gusta el sitio. La zona es bonita
Carlos le hizo caso y guardó el móvil en el bolsillo. Continúo el camino observando los edificios por los que pasaba
-Parezco un turista mirando tanto
-Físicamente das el pego. Guiri –dijo Álvaro riendo
A Carlos también le hizo gracia y comenzó a reír.
-Ahora sé dónde estamos, pero hay un camino más corto, es que me has hecho andar de más para nada –dijo Carlos protestando entre risas lo que convertía la protesta en un enfado poco convincente
-Si quieres podemos parar a descansar
-Buena idea
-No lo decía enserio
-Mala suerte –respondió Carlos dirigiéndose hacia unos escalones de mármol
Al acercarse e irse a sentar. Vio a una chica. Miró a Álvaro para ver si él también la veía y no era un sueño. Álvaro asintió.
-¿Carla? –logró decir Carlos sin creerse demasiado lo que estaba viendo
La chica giró la cabeza al oír su nombre. Y allí le vio. A escasos metros de ella. Parado. Mirándola. Observándola detalladamente. Con ganas de comprobar si verdaderamente se tenían delante el uno al otro o era todo producto de su imaginación.
Carla miró al lado de Carlos. Álvaro también la observaba, pero este no parecía tan sorprendido de verla. Dirigió su mirada hacia el suelo, se frotó las manos contra el pantalón porque le habían empezado a sudar por los nervios.
Volvió a dirigir la mirada hacia el rostro de Carlos.
-Sí, soy yo – es lo único que pudo contestar
Carlos respiró profundo. Cerró los ojos y apretó los puños. Estuvieron un rato inmóviles en esas escaleras con Álvaro presenciando la escena.
María apareció y se quedó perpleja al ver esa escena que transcurría a cámara lenta.
 El tiempo, un ser revoltoso que le gusta jugar en tu contra y poner las cosas difíciles y la única forma de vencerle es no olvidando que uno mismo es quien tiene verdaderamente el control del tiempo; basta con darle la vuelta al reloj cuando toda la arena este abajo.
María miró a Álvaro que le indicaba que se fueran. Miró a Carla que aún no se había dado cuenta de su presencia allí. Se sentó a su lado. Carla miró a María a los ojos. Se comunicaron a través de la mirada. Ellas eran capaces de hacerlo. Carla asintió con la cabeza.
Álvaro y María se alejaron de aquel lugar sin pronunciar palabra.
-Lo siento – volvió a hablar Carlos mirándola a los ojos
Carla llevaba tiempo queriendo escuchar esas dos palabras. Todo el enfado que había acumulado hasta entonces se esfumó.
-Está bien –le respondió con las lágrimas saltadas de nuevo- yo también lo siento Carlos
Carlos se acercó a ella. Colocándose enfrente y mirándola a los ojos.
-¿Qué haces aquí? –le preguntó Carlos
-Vine ayer por la tarde. María me invitó a ver el rey león y no me pude resistir.
-¿Te vas a quedar más días? –le preguntó Carlos con gesto serio y nervioso
-Sí
-Te fuiste corriendo… -dijo Carlos volviendo a mirar al suelo
-No te comportaste como debías –le respondió Carla
Ambos se miraron a los ojos y unas lágrimas recorrieron sus rostros.
-Lo siento –dijeron al unísono






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Pido disculpas por haber abandonado el blog tanto tiempo y no haber avisado de ello. Me he ido de vacaciones y no he escrito nada. Ya dije que yo los capítulos los subo conforme los escribo, este lo acabo de terminar hoy, no tengo reservas para ocasiones como esta.

He creado un twitter del fanfic, para que os enteréis de cuando se suben capítulos y no tengáis que estar mirándolo constantemente o cualquier otra cosa que veáis oportunas.
Admito que me hagáis críticas o comentarios siempre que no sean ofensivos y tengan un fin constructivo.

¡Muchas gracias por leerme! Espero que lo drisfrutéis ;)

Twitter del blog: @masalládelarealidad