sábado, 30 de marzo de 2013

Capítulo 32: ¡Es la hora!



El sol se ocultaba por el horizonte, las farolas comenzaban a encenderse iluminando las calles.
David entraba en la boca de metro para regresar a su casa. Se dirigió a la parte baja para coger la línea que le dejaba más cerca de su destino, iba inmerso en sus pensamientos, chocándose con todo aquel que fuese en dirección contraria y sin percatarse de los gritos que le lanzaban las personas con las que se chocaba pidiéndole que prestara más atención. Mientras esperaba a que el metro llegara cogió el móvil y vió dos llamadas perdidas. Decidió llamar.

-¿David? -dijo la persona al otro lado del teléfono
-Si. He visto tus llamadas. ¿Ocurre algo? -le preguntó David algo preocupado
-No. Simplemente que me apetece salir esta noche. ¿Te hace? -le dijo Dani intentado sonar convincente
-Pues claro.
-¿Dónde estas? -le preguntó Dani
-En el metro
-¿Lo has cogido ya?
-No, lo estoy esperando. ¿Por qué? -preguntó algo extrañado
-Para que te vengas ya.
-Pero ya he picado tio
-Pues coge otra línea y te vienes a mi casa. ¡Hasta ahora! -y colgó el teléfono

David miró la pantalla extrañado. Por qué Dani tenía tanta prisa. No solían frecuentar los locales cercanos a la casa de Dani porque él decía que eran demasiado caros. Era raro. ¿Estaría tramando algo?
David se fué en busca de la línea para ir a casa de Dani. Cogió el metro y en escasos minutos llegó a su destino.
Allí estaba, apoyado en aquel portón acristalado.
-¡Hola tio! -dijo David chocando la mano con Dani que seguía apoyado en la puerta
-¿Salimos ya? -le preguntó este mirándolo divertido
-Pero....yo aún no he cenado, y tengo hambre -le contestó David algo preocupado
-Yo tampoco. Tengo unos amigos que han abierto un nuevo local por aquí cerca y tiene buena pinta.
-Vale,y ¿los demás vienen?
-Tenían planes -contestó Dani indiferente
-¿Viene alguien más? -insistió David
-Me halaga que te agrade tanto mi compañía -dijo Dani irónicamente
-Era curiosidad -dijo riendo- vamos a cenar.

Caminaron hasta el local de los amigos de Dani, al ser sus amigos les atendieron estupendamente y les hicieron muy buen precio.
-Me estoy meando -soltó David mientras Dani examinaba la cuenta
-Pues ve al baño cazurro -le contestó este riendo
David se dirigió al baño y Dani aprovecho para enviar varios mensajes. Pagó la cuenta y se levantó de la mesa.
-Vamonos -dijo Dani apoyado en la pared al ver salir a David del baño
-¿Y la cuenta?
-Pagada
-¿Cuánto te debo?
-Nada. Hoy invito yo

Ambos salieron del local. Dani miraba constantemente el reloj. Las once.
-¿Tomamos algo? -Preguntó David
-Por esta zona no, es muy cara. Vamos a mi casa -propuso Dani
Durante el camino iban gastándose bromas y riendo. El móvil de Dani comenzó a sonar interrumpiendo una burrada que David estaba apunto de soltar. Mientras Dani sacaba el teléfono del bolsillo derecho de su pantalón, David le dio vueltas a lo que había estado a punto de decir y se alegro profundamente de que el teléfono le interrumpiera 

-¿Si?-dijo Dani tras descolgar el teléfono
-Dani, ¿dónde estais? -le preguntó Carlos
-Vamos a mi casa a tomar algo
-No.Ya estamos todos.
-¿Entonces aún seguís ahí? -preguntó Dani
-¿Seguimos? ¿qué dices? Tenemos que estar aquí todos, en eso quedamos ¿no?
- Bueno pues no subo. Espero que lo arregleis. Os cedo la casa, pero sólo por esta noche, ¡eh!
-¿Dani? ¿Como que no subes? ¿Se suspende? ¿Ha pasado algo? -Carlos se sofocaba. No entendía a su amigo
-¡Hasta pronto Carlos! -se despidió Dani
-Espera, ¿pero vais a venir? -le preguntó este
-Claro. Ya nos vemos. Adiós -y colgó.

-No podemos ir a mi casa. Más bien no voy a poder entrar en toda la noche -le informó Dani a David tras colgar el teléfono
-¿Ocurre algo?
-No. Es que tras lo que pasó ayer, Carla se vino a mi casa. Esta mañana los dejé allí para que arreglaran lo ocurrido. Aún siguen allí y les queda para largo -dijo Dani riendo
-Vaya dos-rió David- ¿vamos a mi casa?
-Vale -aceptó Dani muy satisfecho

David volvió a repetir la acción de hace unas horas salvo que ahora iba acompañado y se fijaba más para no chocarse. Dani seguía mirando continuamente la hora. Las doce menos diez.
Ambos echaron a andar hacia la casa de David, se encontraba en un bonito barrio a las afueras de Madrid.
Dani cada vez aligeraba más el paso, como si tuviese prisa por llegar. David notaba extraño el comportamiento de su amigo pero no preguntó, se limitó a acelerar también su paso.
Vivía en una casita de dos plantas. David abrió el portón dando paso a su pequeño jardín particular. La casa tenía una pequeña escalera de tres peldaños en la derecha que daba paso a un porche. Tras el porche se situaba la puerta que daba acceso a la casa. Dani estaba algo inquieto, más de lo normal. David volvió a ignorar el extraño comportamiento de su amigo y abrió la puerta. Todas las luces estaban apagadas, tal y como lo había dejado. Fue encendiendo luces conforme iba entrando en la casa.
-Son las doce -gritó Dani.
-¿Y?
-¡Es la hora! -siguió gritando
-¿La hora de qué? 
-Pues.... -dijo Dani mientras se adentraba en el salón perseguido por David
-¡¡¡¡¡Felicidades!!!!! -gritaron una multitud de personas mientras salían de sus escondites por distintas partes de la sala.
-Ostias -dijo llevándose las manos a la cabeza -no me lo esperaba ¡que fuerte! -dijo mirando a todos los que estaban en aquella habitación.
Dani se acercó a él y le abrazó.
-Felicidades campeón
-Gracias hermano -le contestó mientras le devolvía el abrazo
-¡Muchísimas felicidades David! -le felicitó Blas mientras le abrazaba
-Muchas gracias brother. Te quiero. Gracias por la sorpresa -dijo mientras unas lágrimas recorrían su cara.
Así continuaron felicitándole todos los invitados a la fiesta.

-Con que no podías subir a tu casa porque estaba Carlos -dijo David riendo mirando a Dani
-Algo tenía que inventarme para traerte aquí -contestó Dani orgulloso de su interpretación
-Ahora entiendo a que venían las cosas sin sentido que decías por teléfono-dijo Carlos tras encajar las piezas en su cabeza -ahora si tiene sentido-terminó riendo
-Cuando colgaste nos dijo que se te había ido la olla, que probablemente nos tocaría ir a alguno a secuestrar a David para que no se quedase sin fiesta de cumpleaños -comentó Álvaro sonriendo
-Chivato -le acusó Carlos riendo
-¿Y vosotros que tal? -preguntó David mirando a Carla
Antes de responder Carla miró a Carlos y ambos se sonrieron.
-Diría que nunca hemos estado mejor -le contestó Carla sonriendo
Carlos la cogió por la cintura y la arrimó a él.
-No quitéis protagonismo al cumpleañero -dijo Dani separandolos -y que empiece la fiesta.
-Corta puntos -le contestó Carlos mientras les separaba
-¡¡Fiestaa!! -gritó una de las invitadas
-Mira, ella si que sabe -dijo Dani riendo

La música empezó a sonar. Los invitados más marchosos se dirigieron al centro de la sala y comenzaron a mover sus cuerpos al son de la música. Los más tímidos se quedaron rezagados en las esquinas esperando a que alguien les invitase a bailar o simplemente observar como bailaban los demás.
-¿Bailas? -le preguntó Carla picara a Carlos tirando de la camisa de este
-Si, pero esta vez sólo bailaras conmigo -dijo mientras se señalaba a si mismo.
-Pues vas a tener que esforzarte, como bailes mal hago cambio de parejas -le contestó guiñándole un ojo
-Lo mismo te digo -contestó riendo
Carla le besó y comenzaron a bailar.

Dani se acercó con un vaso en la mano a una chica que estaba sentada en el sofa mirando como el resto bailaban.
-¡Hola!, me llamo Dani -saludo mientras se sentaba a su lado
-Yo Laura -le contestó la chica sonriente
-Encantado -dijo mientras daba dos besos a la chica -y ¿De qué conoces a David? -preguntó en un intento de comenzar una conversación
-De la escuela. La verdad que hacía meses que no sabía nada de él. Me ha alegrado mucho que me llamaran para esta sorpresa. ¿La has organizado tú?
-He ayudado. Soy el que le ha entretenido y ha conseguido traerle hasta aquí sin que sospechase nada. Pero el mérito de la fiesta es de esos dos -dijo señalando a Blas y Álvaro.
-Pues entretenerle y que no sospeche también tiene su mérito -contestó la chica sonriente
Dani también sonrió.
-¿Bailas?
-Claro -le contestó Laura sonriente
Ambos comenzaron a bailar de forma alocada entre risas, no se habían visto antes pero en apenas unos minutos se sentían muy cómodos, como si se conociesen de toda la vida.

Álvaro estaba sentado en uno de los taburetes que habían colocado pegados a la pared dejando espacio suficiente en el salón para poder bailar. Clavó su mirada en Carlos y Carla; en como éste tenía puestas sus manos alrededor de la cintura de Carla y la sonrisa que destacaba en el rostro de ella.

-¿Qué miras tan serio?- le susurró María al oído.
 Álvaro no contestó. La miró a los ojos y sonrió.
-¿No bailas? -preguntó María
-No me apetece. Prefiero quedarme aquí observando -contestó sin dejar de sonreir
-Que aburrido eres -le replicó María sacándole la lengua -pues voy a buscar mejor compañía -dijo mientras se giraba para marcharse.
Comenzó a sonar una canción lenta. Era una balada. Álvaro cogió a María de la mano, la acompañó hasta el centro de la sala y, colocando sus manos delicadamente en su cintura comenzaron a bailar. María se apoyó sobre el hombro de Álvaro sonriendo.

Dani reconoció la balada que estaba sonando. Se acercó más a Laura y comenzó a cantar susurrándole al oido. Laura se sonrojo. Dani se acercó más a ella dejando apenas un palmo de distancia entre sus cabezas, sonrió pícaro y la besó. 

Carla rodeada por los brazos de Carlos, no dejaba de mirar a Dani y Laura. 
-¿Qué miras tanto? -le preguntó Carlos curioso mirando a su alrededor para ver que había llamado tanto su atención.
-Eso -dijo sonriente mientras señalaba a Dani justo en el momento que estaba besando a Laura
-Que tio. No pierde comba -comentó Carlos riendo sin dejar de mirar a su amigo.
-Él también quiere divertirse -le contestó Carla sonriendo apartando la vista de Dani y mirando fijamente a Carlos - tú harías lo mismo en su lugar.
-Probablemente -le contestó mirándola a los ojos- al igual que tú, ¿no? -sonrió pícaro
Carla le mordió el labio y empezó a besarle con ganas. Carlos se separó y la miró divertido.
-¿Nos vamos? 
-¿Ya? -dijo Carla asustada
-Si, ya -contestó divertido- vamos a desordenar mi habitación
-Eso es imposible -le contestó Carla divertida captando el mensaje- pero es el cumple de David, me sabe mal.
-Pues mañana por la tarde quedamos con él y seguimos celebrándolo -le animó Carlos cada vez más entusiasmado de irse.
-Esta bien
Se alejaron de la casa corriendo como dos niños pequeños a punto de cometer una gran travesura.

-Me siento culpable de haber abandonado el cumpleaños-dijo Carla entrecortada pegada a los labios de Carlos.
-Tranquila, no notarán nuestra ausencia -le contestó Carlos convencido mientras intentaba bajarle la cremallera del vestido.
Carlos acarició los labios de Carla y los besó tímido como si fuera la primera vez. 
El vestido de Carla cayó al suelo. Carla le empezó a desabrochar los botones de la camisa entre besos y risas. Lograron zafarse de toda la ropa que estorbaba en aquel momento mientras jugaban con sus lenguas ferozmente. Carla separó sus labios de los de Carlos para soltar un leve gemido cuando notó que él la penetraba.
Quizás se debía al deseo oprimido por la distancia pero fue una de sus mejores noches.











domingo, 10 de marzo de 2013

Capítulo 31: Te quiero



-Te quiero- Una simple frase compuesta por dos sencillas palabras. Blas sonreía al mirar la frase que acababa de aparecer en la pantalla de su iphone. Estaba quieto, con el móvil entre las manos y con una sonrisa que iba creciendo por momentos. La frase era corta, pero él se tomo su tiempo en leerla una y otra vez como si de un mensaje cifrado se tratase. Respondió rápido y dejó el móvil sobre la mesilla.
Se dirigió al baño para darse una ducha. Le encantaba ducharse por las mañanas. Era el momento idóneo para recordar todo lo que había pasado el día anterior, despejarse y prepararse para el día que estaba a punto de comenzar.
La casa era acogedora. Muy pequeña para vivir una familia pero ideal para una o dos personas. En su caso, vivía sólo. Con la gira, pasaba mucho tiempo fuera de casa y por ello iba a ser más difícil la convivencia; su compañero tendría que cargar con todo.El diseño de los muebles era sencillo, había pocos y acompañado de una gran luminosidad daba a la casa una sensación de amplitud mayor de la que tenía.

Al salir de la ducha se vistió con ropa cómoda y salió a desayunar fuera de casa. Había una pastelería llamada Mama Framboise a la que había ido de pequeño en un par de ocasiones y le traía muy buenos recuerdos. La pastelería estaba algo lejos de su casa, pero decidió ir andando para pasear y poder pensar ya que últimamente no tenía mucho tiempo para ello.
El camino no fue lo que se dice tranquilo. Los coches iban más deprisa de lo normal. Tuvo que esperar en más de una ocasión más de cinco minutos para cruzar, en otras ocasiones corría para evitar un atropeyo, era algo arriesgado pero tenía que llegar a la pastelería por la mañana para que le sirviesen desayunos.
Quiso atajar y pasó por una calle que le sonaba. Le era realmente familiar. Pero ¿de qué le sonaba tanto? Al  ver un gran portón acristalado se dio cuenta. Era la casa de Dani, solían bromear dejando las huellas de sus manos en la puerta y diciéndole a Dani que los limpiara si quería evitar una bronca del portero. Blas se rió al recordarlo. Se acercó al portón y colocó su mano en el portón para dejarle un pequeño recuerdo a Dani. Se separó del portal. Miró su huella en aquel cristal reluciente y se rió. Cuando se estaba girando para retomar su camino hacia la pastelería vió a Carlos y Carla a través del cristal dirigirse hacia él. Estaban cogidos de la mano y reían.
¿Qué hacían ellos en casa de Dani? ¿Ya lo habían arreglado? Que tontería. Estaban cogidos de la mano, claro que lo habían arreglado -Blas empezó a interrogarse a si mismo para averiguar que pasaba- ¿Cuál sería la explicación de Carlos? ¿Habrá perdonado también a María? -Blas seguía sumiso en sus pensamientos cuando Carla y Carlos salieron del portal y le vieron.

-¡Buenos días! -dijo Carlos sonriente.
-¡Hola Blas! ¿cómo tú por aquí?- Le preguntó Carla con la misma sonrisa
-¿Emm? ¡Ah! ¡Hola! ¿Qué tal? Yo...Yo... Yo iba a desayunar a una pastelería aquí al lado. ¿Y vosotros? - contestó tras conseguir centrarse.
-Nosotros bien -contestó Carla- La verdad es que yo aún no he desayunado. ¿Te importa que te acompañe? -preguntó Carla sin retirar la sonrisa de su rostro.
-Para nada. Encantado de que me acompañes. Y tú Carlos, ¿vienes a desayunar?
-Ya he desayunado, pero no sería la primera vez que desayuno más de una vez en el mismo día -contestó riendo.
-Eres un pozo sin fondo -le respondió Carla sacándole la lengua.
-Eso no es una novedad-contestó Blas riendo.

Los tres continuaron el camino hacía aquella pastelería que tanto le gustaba a Blas. Al llegar se miraron los unos a los otros. Estaba repleto.

-Y si vamos a otro sitio -propuso Carlos.
-Me apetecía desayunar aquí -respondió Blas con lástima.
-Pues esperamos -contestó Carla decidida mientras guiñaba un ojo a Blas.

Al rato se les acercó una camarera muy amable.
-¡Buenos días! Si desean desayunar en nuestra terraza les ruego que esperen unos minutos más debido a que todas nuestras mesas están ocupadas. Sin embargo, nuestra planta baja tiene mesas disponibles.
Carlos y Carla miraron a Blas para que él decidiera que quería hacer, si esperar o desayunar en las mesas de abajo.
-Desayunamos abajo-respondió Blas
La camarera les guió hasta una de las mesas y les tendió una carta.
-Luego volveré para tomarles nota -dijo la camarera mientras les tendía la carta
-Vale. Muchas gracias -le respondió Carlos muy sonriente -¿Qué quieres tomar? -le preguntó a Carla
-Aún no he visto la carta-le respondió esta riendo.
-Yo tampoco y ya lo sé -contestó él orgulloso
-¿Ah, si? y ¿qué quieres tomar? -le preguntó Carla incrédula
-Un chocolate y una tartaleta de frambuesa.
-¿Has venido aquí antes? -le preguntó Blas comprobando que lo que Carlos decía estaba en la carta.
-No
-¿Y cómo sabes que tienen lo que quieres? -le volvió a preguntar Blas sorprendido señalando en la carta.
-¡Fácil! en todos las cafeterías o pastelerías sirven chocolate para desayunar. Y en la entrada había un cartel que ponía especialidad de la casa ¡Tartaleta de frambuesa! -contestó riendo victorioso
-Vamos te has comido el coco para pensar en que tomar -dijo Carla riendo.
-Era para ahorrar tiempo -contestó
-¿Tienes prisa? -le preguntó Carla mirándolo con interés
-No. Tengo hambre
-Pero.... si ya has desayunado -le dijo Blas
-Pero he gastado muchas energías esta mañana -contestó guiñándole un ojo a Carla
-Entiendo.... -respondió Blas riendo tras ver a Carla sonrojarse de manera repentina y desviar su mirada hacia la mesa.
Pidieron lo que querían tomar a la camarera y esta se lo trajo en muy poco tiempo.
-Y contadme. ¿Qué hacíais en casa de Dani esta mañana? -comenzó la conversación Blas tras un corto periodo de silencio en el que los tres engullían.
-Pues..... -comenzó Carlos
-Ayer me fui a casa de Dani porque fue el que me encontró y los demás os habíais ido. Bueno excepto Carlos, pero no tenía especial interés en ir con él -le cortó la frase Carla
-¿Y María? -preguntó Blas
Carla dejó caer el tenedor sobre la mesa.
-No hablo con ella desde ayer -le contestó mirando fijamente su plato
-¿Y que vas a hacer? -le preguntó Blas.
Carlos la miraba atentamente. Él no se lo había preguntado y tenía interés por conocer la respuesta.
-No lo sé.
-¿La has llamado?
-No
-¿Y ella a ti?
-No lo sé. No he mirado el móvil. No me atrevo, no se como voy a reaccionar.
-¿Quieres que lo mire yo? -Le preguntó Carlos mientras le pasaba el brazo por los hombros.
-Esta bien.
Carla le tendió el móvil.
-Voy al baño -dijo mientras se levantaba de la mesa.

Carla se dirigió al lavabo, se mojó las manos y se refrescó con sus manos húmedas la cara y la nuca. María. No se acordaba de su amiga. Al estar con Carlos había olvidado el resto. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué explicación le daría su amiga? ¿La escucharía? La perdonaría o la rabia la invadiría. No sabía cuál iba a ser su reacción y por ello tenía miedo. Estuvo un buen rato en el baño. Necesitaba tranquilizarse. Si con Carlos no fue difícil porque iba a serlos con ella. Finalmente salió del baño y volvió a la mesa en la que estaban Carlos y Blas uno frente a otro mirándose serios. Estaban callados. Se sentó junto a Carlos.
-¿Y bien? -preguntó Carla
-¿Qué? -dijo Carlos mirándola aún serio
-¿Qué había en mi móvil? ¿Me ha llamado? ¿Algún mensaje? -dijo mientras iba intercalando la mirada del rostro de Blas al de Carlos y viceversa.
-Pues....-comenzó Carlos, pero antes de terminar la frase se calló.
-Me estas poniendo nerviosa -dijo ella agarrando la mano de Carlos- dimelo. ¿Qué ha pasado?
-Es por tu bien... -contínuo Blas, pero tampoco terminó la frase.
-¿Qué es por mi bien? ¿Me queréis decir qué está pasando? - El corazón de Carla se aceleraba conforme iba hablando al igual que su respiración y eso se notaba al escucharla hablar
-Tranquila -se limitó a decir Carlos dándole un leve beso en los labios
-¿Tranquila? Pero ¿Qué pasa? -dijo ella cada vez más asustada y sin comprender nada
El móvil de Blas empezó a vibrar. Lo miró, desvió su mirada hacía Carlos y asintió.
-Perdonanos. Pero es lo mejor -dijo Blas acariciando la mano que Carla tenía sobre la mesa
-No entiendo nada -dijo ella mirándola confusa -¿perdonaros?
-Te quiero -le dijo Carlos mientras le daba otro beso -No nos guardes rencor por esto -dijo sonriendo.
Ambos se levantaron de la mesa y se fueron dejando a Carla allí sentada sola.
Pero... ¿A dónde iban? ¿Perdonarlos? ¿Por mi bien? Carla no entendía nada. Carla les observaba alejarse. Llegaron al mostrador y saludaron a alguien. Carla no podía ver bien de quien se trataba. Se acercaron hacia la barra y lo pudo ver. Era Álvaro. ¿Álvaro? ¿Tenía algún problema ella con Álvaro? Cada vez todo tenía menos sentido.
-¡Hola! -dijo una voz justo detrás de Carla rompiendo los pensamientos de esta.
Carla se giró para ver quien era y se encontró con María. Estaba de pie. Quieta. La miraba fijamente con la cabeza cabizbaja. Por eso le pedían perdón. Habían llamado a María para que hablaran. Volvió a mirar hacía la barra y se encontró con la mirada atenta de Álvaro quien le sonrió y asintió.
-Siéntate -contestó Carla al saludo de María señalando la silla que tenía enfrente que antes había ocupado Blas.
María se sentó con la mirada aún fija en el suelo.
-Tú dirás.. -le invitó a hablar Carla
-Me ha llamado Carlos. Como no respondías a mis llamadas, creí que era buena idea venir aquí a hablar contigo.
-Te escucho -contestó Carla con tono seco mientras la miraba fijamente
-Lo siento.
-Un lo siento no arregla nada.
-Lo sé -respondió María sin levantar la mirada del suelo
-¿Por qué? Es lo único que quiero saber
-No lo sé
-Otra igual -dijo Carla negando con la cabeza
-¿Otra igual? -dijo María mirándola
-Carlos me dijo lo mismo
-Él no tiene la culpa. Fui yo -dijo María rápidamente en un intento de defenderlo
-Tranquila, ya está todo arreglado con él. Pero ahora.... quiero que me digas por qué. María tu sabes que le quiero, eres mi amiga, te suelo hablar de él y sabes que ver a mi amiga y mi novio besándose no es algo que le alegre a una precisamente.
-Lo sé.
-¿Entonces?
-Pues...... No entiendo porque lo hice. A mi no me atrae Carlos, te lo prometo. Fue un impulso, actúe sin pensar, cosa que me me ha traído graves consecuencias y aquella noche me pase un poco con el alcohol.
-Yo también bebí y no me lancé hacía el primero que ví.
-No es lo mismo -intentó explicarse María
-¿Qué?
-Verás..... Tú me hablas de él casi a diario. Yo a Carlos sólo le conozco de estos meses que he estado con él en la oficina. Prácticamente la imagen que tengo de él, la has creado tú. En mi cabeza estaba tu imagen de Carlos. En mi cabeza están sentimiento que Carlos nunca ha despertado en mí porque tú me los has contado. El alcohol ha hecho que me confunda y mi actitud de alocada de la vida también ha contribuido.
Unas lágrimas empezaron a correr por las mejillas de Carla. María se levantó de su silla y se dirigió hacía ella. Carla repitió su gesto y ambas se fundieron en un abrazo.
-Lo siento -volvió a repetir María
-Siento llenarte la cabeza de pájaros -le contestó Carla
Ambas rieron y se volvieron a abrazar.