Los meses van pasando. No han arreglado su
problema. Ni siquiera lo han intentado. Ambos. Cabezotas. Testarudos. Tal para
cual. Han dejado pasar el tiempo como si así se olvidaran el uno del otro.
Han rehecho sus vidas. Carlos mantiene una
relación podría decirse que estable con Virginia mientras Carla no mantenía
ninguna relación seria. No quería detenerse. Quería experimentar. Conocer
gente. Comparar. Esta vez de verdad. Si comparar provocó todo este embrollo,
comparando saldría de el. Pesaba que así podría encontrar al chico perfecto
para ella. Lo que no sabía, o no quería saber, es que ya lo había encontrado.
Las amigas de Carla no estaban muy de acuerdo
con su comportamiento. Con esta nueva actitud. Pero era su vida y no había
quien la hiciese cambiar de opinión. Cabezota como nadie. María se llevo un
tiempo intentando convencerla de que hablaran pero finalmente acabó
rindiéndose. María la iba poniendo al día de todo lo que sucedía por allí.
Sonó un leve pitido. Un mensaje de María,
"Madrid es muy grande, te hecho de menos y soy experta en camuflaje".
Carla soltó una carcajada. Rápidamente respondió el mensaje, "Original
forma de decirme que vaya a visitarte. Como me ha hecho gracia te prometo que
lo pensaré. I love you"
Al momento le entró una llamada al móvil, como
lo tenía en las manos lo descolgó enseguida.
-Dime petarda -dijo Carla descolgando el
teléfono
-¿Cómo que te lo pensarás? -dijo María con tono
enfadado pero riéndose a la vez -Ni pensar ni leches en vinagre, esta noche
haces la maleta, mañana coges un tren y te plantas en mi casa.
-¡Uf!, mañana es muy precipitado.
-Carla, tia. ¡Que vengas! Enserio no tienes
porque verle o verles si no quieres. Pero por huir de alguien no me castigues a
mi de disfrutar de mi mejor amiga
-No sé María, me lo pensaré y ya te comento
-No quería recurrir a esto, pero.. -empezó María
con tono misterioso- tengo dos entradas para ver el rey león, son para pasado
mañana y..
-¿El rey león? ¿enserio? haber empezado por ahí.
Ya lo he pensado. Voy -contestó Carla super entusiasmada
-Y la idea de verme a mi pasando ¿no? -dijo
María indignada
-Era broma
-Si claro, claro
-Que tonta eres, bueno te cuelgo maría de la
o,que tengo una maleta que preparar.
-Bye. Bye. Mi picolísima. Dama...
-Me dejó más sólo que un desierto dibidibidibida
-continúo cantando Carla mientras reía -hasta mañana petarda, no me dejes mucho
tiempo sola en la estación que sufro
-No, aguarda.
Carla subió a por su maleta burdeos y empezó a
meter ropa cual poseída.
-¿A dónde vas? -le preguntó su madre asomando la
cabeza a la habitación
-A casa de María
-¿Que María?
-Mi amiga de Madrid, no la veo desde aquella vez
-dijo con tono apagado- y vamos a ver el rey león -terminó la frase con gran
entusiasmo
-Me alegra verte tan motivada. Te viene bien
alejarte de eso que te preocupa tanto que no me quieres decir
-Mamá no insistas -le contestó Carla viéndola
venir.
-Bueno pues disfruta de esos días allí cariño.
¿Cuándo te vas?
-Mañana
-¿Mañana? Pero niña las cosas no se hacen así.
Seguro que no tienes ni los billetes. Que niña de verdad, siempre dejándolo
todo para el último momento -La madre de Carla seguía protestando sobre la poca
organización de su hija mientras salía del cuarto de esta
Carla cogió el ipad. Buscó billetes hacia Madrid
que saliesen al día siguiente. De tren no había. Mierda. ¿Y ahora qué? De avión
es muy caro. Ave no hay desde Cádiz sería un lio. Bus.. ¿Bus?. Es más lento,
pero es muy económico y mejor que nada. Buscó billetes de autobús y encontró
uno que salía a las siete de la mañana de su ciudad. Joder encima tenía que
madrugar. Bueno todo sea por ver el rey león. Compró el billete y llamó a María
para informarle de la hora aproximada de llegada y de la estación en la que
debía recogerla.
Esa noche no durmió. Estaba muy nerviosa. No
sabía si por el espectáculo o por como reaccionar si casualmente se encontraba
con alguno de los chicos. Para que engañarse. Temía encontrarse a Carlos. Se
mirarían siquiera. Una duda tras otra fue formulándose en su mente formando una
cadena interminable cuya respuesta desconocía.
El viaje se le hizo más ameno de lo que
esperaba. Cuando quiso darse cuenta ya estaba entrando en Madrid. La estación
de autobuses era diferente a la de trenes. Estaba más calmada. no había
semejante ajetreo. Podía respirar y caminar sin ser empujada o golpeada por
maletines que se balanceaban al compás del caminar de quien lo portase. Divisó
unos bancos y se encaminó arrastrando su maleta hacia ellos para sentarse.
Cuando iba a apoyar su trasero sobre el asiento escuchó a alguien gritar su nombre.
Levantó la cabeza y vio a María correr a toda prisa en su dirección.
Carlos en la otra punta de la ciudad, estaba en
una terraza tomando unas cervezas con unos viejos amigos.
De vez en cuando miraba hacia el infinito como
buscando algo y luego volvía a introducirse en la conversación como si en
ningún momento hubiera estado fuera de ella.
-¿Dónde está Virginia? -le preguntó uno de sus
amigos
-De compras con su madre
-¿No te pidió a ti que le acompañaras?
-Si, pero no me apetecía hacer colas y sujetar bolsas
-contestó riendo
-Chico inteligente -comentó otro amigo dándole
unos golpes en la espalda mientras todos reían
El móvil de Carlos comenzó a sonar. Contestó sin
mirar quién llamaba.
-¿si? -respondió al descolgar
-Carlos, ¿haces algo hoy? -le preguntó Dani
-Ahora estoy tomando unas cervezas con unos
amigos, ¿quieres venir?
-No, ahora estoy con Laura. Pero esta noche me
apetece salir por si te apuntas
-¿Por dónde? -preguntó Carlos interesándose por
el plan
-Por el centro, cenamos en mi casa antes
-Me apunto. A las once me tienes en tu casa.
-Vale. ¡Hasta luego! -y colgaron
La tarde transcurrió rápida y amena. Dani y
Carlos salieron de fiesta como habían acordado.
-¿Has llamado a estos? -preguntó Carlos
-Sí, pero no vienen. David está por ahí. Blas ha
quedado con no se quién y Álvaro me dijo que iba a ver a María que la tiene
algo abandonada -le respondió Dani
-¿Pero siguen juntos?
-Sí. Bueno ya sabes, a su manera -le respondió
Dani
Entraron en un pub y se pidieron una copa. La
noche transcurría entres conversaciones serias y bromas de amigos. Se
divertían. La noche era joven. Y ellos estaban dispuestos a disfrutarla.
En la otra parte de la ciudad. Casa de María.
-Carla, ¿te apatece salir esta noche? -le
preguntó María tras haber ayudado a su amiga a instalarse en su casa
-No. Estoy cansada. El viaje ha sido un palizón
de los gordos -le respondió Carla
-Que exagerada eres. Bueno pues nos quedamos
aquí. ¿Te hace una peli y palomitas?
-Me hace, me hace.
María fue a la cocina, cogió uno de los paquetes
de palomitas y lo metió en el microondas. Mientas el paquete daba vueltas sobre
el plato del microondas y las palomitas estallaban en su interior, María revisó
su móvil. Tenía varios mensajes. Los fue contestando uno a uno sonriendo. El
último era de Álvaro, le preguntaba si tenía algo que hacer aquella noche. Le
respondió que tenía visita. Álvarose quedó pensativo. Quién estaría en su casa
a esas horas. Sería alguna amiga. Pero ella solía decirle siempre el nombre de
la persona con la que estaba aunque él no la conociera. Al final decidió
preguntarle quién era su acompañante. María miró la pantalla del móvil,
"¿quién se me ha adelantado? quiero desear esta noche su suerte"
-¿Suerte?, si tu supieras Álvarito -dijo María en
voz alta
-¿Hablas sola? -le preguntó Carla gritando desde
el salón
-No, con las palomitas que están tardando
demasiado y verás que la mayor parte serán bolitas de maíz que no han
estallado. Ya no compro más de marca blanca -mintió su amiga sonando bastante
convincente
-Entonces era mejor que estuvieras hablando
sola, disimula más tu locura –le respondió Carla riendo
-Todo lo malo se pega amiga –le contestó María
mientras respondía el mensaje de Álvaro, “No te pongas celoso, es una chica. Es Carla”.
Álvaro se quedó boquiabierto al leer la
respuesta. Carla había vuelto. Rápidamente la llamó curioso por saber más.
-Dime –le respondió María susurrando para que
Carla no le escuchase esta vez
-¿Por qué susurras? ¿De verdad está Carla ahí
contigo? –le preguntó Álvaro aún perplejo
-Si, para que no me escuche
-¿Cuánto tiempo hace que está en Madrid? ¿Por
qué no me lo has dicho? Tengo que hablar con ella…
-Ey para el carro. Ha llegado esta tarde. Ha
venido porque la he chantajeado para que me visitase. No Álvaro. Aún no.
Primero tiene que hablar con quien ya sabes.
-Ya
-Y no le digas a nadie que ella está aquí
-Está bien y ¿cómo vas a hacer para que hablen?
Sinceramente dudo que vayan a hacerlo por voluntad propia y menos si uno de
ellos no sabe que ambos están en la misma ciudad
- De momento sólo tengo pensado como
entretenerla y que se despeje, el reencuentro es algo que aún tengo que planear
-¿Qué has pensado?
-Pues mañana vamos a ver al rey león –sonó un
pitido producido por el microondas indicando que ya había acabado el tiempo y
las palomitas estaban listas – ya te iré contando. Espero convencerla pronto
que tengo ganas de verte. Te dejo que va a sospechar –y le colgó.
María sacó el paquete de palomitas del
microondas, empezó a notar una subida de la temperatura en sus dedos. Quemaba.
Tiró el paquete sobre la encimera y sacudió su mano. Cogió una servilleta para
no tocar el paquete directamente y vertió las palomitas en un bol. Regresó al
salón con el bol entre las manos. Carla no estaba allí.
-Carla. ¿Dónde estás? –gritó María preocupada
dejando el bol en la mesa
-En el baño –gritó su amiga
-Echa colonia después –le respondió María riendo
-Mi caca huele a rosas
-Si, marchitas
-Además estoy haciendo pis – se escuchó un pedo-
eso ha sido un regalo, aromas de la casa, mucho mejor que tu colonia -seguía
hablando Carla a gritos
-Que cerda eres tía. Voy eligiendo la película
mientras rocías mi baño con tus aromillas
-Perfecto –contestó Carla riendo a carcajadas
En otro lugar de Madrid. Álvaro estaba tumbado
sobre su cama pensativo .Carla estaba allí. ¿Qué debía hacer? .María le pidió
que se mantuviera al margen hasta que Carlos y ella hablaran. Carlos ahora era
muy feliz con Virginia aunque cuando alguien nombraba a Carla o salía algún
tema que la relacionase se quedaba pensativo, cambiaba su expresión. Debían
aclarar sus diferencias. Todo no iba a ser como antes, eso era muy difícil por
no decir imposible que sonaba peor.
-Tengo ganas de verla de nuevo –pensó Álvaro una
y otra vez – esos dos se van a ver “casualmente” muy pronto –terminó susurrando
Álvaro mientras se ponía de costado sobre el colchón y cerraba los ojos.
Un nuevo día empezó o más bien el día esperado
empezó. Carla estaba histérica. Corría de un lado para otro nerviosa. Llevaba
mucho tiempo queriendo ver ese musical pero nunca había tomado la iniciativa e
ir con María la entusiasmaba aún más. Lo dicho estaba histérica dando vueltas
por la casa.
-Carla para quieta. Aún quedan seis horas
-Quiero que llegue ya la hora. Venga vístete ya
-Pero el espectáculo no va a empezar antes.
Además es cerca de mi casa no tengo ganas de pasar calor esperando.
-Pues damos un paseo si quieres pero vámonos.
-Pues si tantas ganas tienes de salir vamos a
hacer recados. Tengo que hacer la compra, recoger unos papeles de la oficina y
limpiar el coche.
-Está bien. Mientras estemos entretenidas y se
pasa el tiempo rápido lo que quieras
-Que chollo eres cuando estas nerviosa, tendré
que probarlos más a menudo
Carla le dio un cosqui
-Que alivio es darte un cate, tendré que
probarlo más a menudo –le contestó riendo
Las dos chicas salieron del edificio en busca
del coche para lavarlo, meter en él la compra, recoger los papeles y regresar a
casa.
-Nunca había estado en un túnel de lavado –dijo
Carla mirando atentamente como se movían los rodillos
-Si querías que tu coche dejase de ser blanco
con pintarlo habría bastado no hace falta convertirlo en negro de forma natural
–dijo María riendo
-Yo limpio el coche a mano imbecila. Manguera,
esponja y jabón
Tras haber dejado el coche como los chorros del
oro fueron al supermercado para llenar la nevera.
-¿Has hecho lista de lo que nos hace falta?
-No, nunca la hago
-Pues muy mal. Así sólo compras caprichos y
olvidas lo que de verdad necesitas. Eres una derrochadora.
-Como se nota que este año has estudiado
economía
-Quería utilizar los conceptos aprendidos y no
sabía como –le respondió Carla. Las dos amigas se miraron y empezaron a reír a
carcajadas.
Última parada. Recoger los papeles. María llevo
el coche hasta su oficina.
-¿Vienes o me esperas en el coche? –le preguntó
María mientras se bajaba del asiento del
conductor
Carla miró el edificio
-¿Vas a tardar mucho?
-No creo. Espérame aquí. Si te agobias te dejo
las llaves cierras y te das una vuelta. Si necesitas algo estoy en la planta de
arriba.
-Vale.
María salió escopetada hacia la oficina. Debía
tardar lo menos posible. Saludo a la recepcionista sin comprobar siquiera si
esta la estaba mirando. Subió las escaleras de dos en dos, suerte que se había
puesto sandalias planas ese día. Se dirigió hacia su mesa y empezó a buscar los
papeles que necesitaba por los cajones.
-¿Qué buscas? –le preguntó una voz
María asomó la cabeza. Era Jilgorio.
-Busco los papeles que me entregó ayer
-Están en el despacho acristalado.
-Vale, gracias. ¿Qué hacen allí?
-Necesitaban las letras y les dí
permiso para cogerlas
-Vale, voy a por ellos entonces
María se dirigió hacía aquel
despacho. Estaban todos. Todos los chicos allí reunidos.
-Siento interrumpiros pero necesito
los papeles que habéis cogido de mi mesa –dijo María sin entrar del todo en el
despacho
-¿Todos? –le preguntó David –luego te
los acercamos, estamos examinando las propuestas
-Los que tienes un possit verde
están revisados y aprobados, esos os los podéis quedar. Los que no tienen nada
me los tengo que llevar
-¿Pero hoy no tenías el día libre? –le
preguntó Carlos
-Si, por eso me lo llevo a casa –dijo María justificándose
-Vaya planazo para un día libre,
venir a la oficina a recoger papeles. Cuando tenga días yo te pediré ayuda para
divertirme –le respondió Carlos riendo sarcástico
María rió su gracia. Si él supiera
el plan que tenía y quién la esperaba abajo no reiría tanto.
-Ahora te los doy –le respondió Álvaro
separando los que tenían possit de los que no
María salió de aquel despacho. Después salió Álvaro
con los papeles en la mano y cerró la puerta tras él.
-Gracias –dijo María cogiendo los
papeles
Álvaro se acercó a ella y le dio un
leve beso en los labios.
-¿Y Carla?
-La he dejado abajo no creí
conveniente que subiese conmigo y menos mal
-¿A qué hora vais a ver el rey león?
-El espectáculo empieza a las ocho.
Pero lleva todo el día histérica, ahora voy corriendo a comprobar si sigue viva
-Divertiros –se despidió con otro
leve beso y volvió a entrar en la oficina
María regresó al coche y allí
estaba su amiga con las ventanillas bajadas y los pies en el salpicadero parece
ser que tarareando alguna canción.
-Papeles recogidos –dijo María con
los papeles en alto a la vez que entraba en el vehículo
-Has tardado
-Los papeles no estaban donde los
dejé, los cogieron. Pero ahora ya nos podemos ir, un espectáculo nos espera
-Yeahhh! –gritó Carla
El espectáculo transcurrió rápidamente.
Debe ser que cuando algo te gusta o te lo pasas bien el tiempo le da por correr
para fastidiarte. Carla y María salieron con el culo dolorido de estar tantas
horas sentadas y con las lágrimas saltadas
-Gracias –dijo Carla abalanzándose
sobre su amiga para abrazarla –me ha encantado. Gracias. Gracias. Gracias
María le dio un beso en la mejilla
y la abrazó fuerte
-No me las des, a mi también me ha
encantado y tenía ganas de verte
Las chicas salieron del edificio destacando
y criticando diferentes aspectos del espectáculo.
-Voy al baño, no aguanto más. ¿Vienes?
–dijo María dando pequeños saltitos para aguantar un poco más
-No, te espero sentada en las
escaleras. Necesito que me de el aire un poco
-No tardo –dijo María corriendo en
dirección al aseo
Carla se sentó en los escalones
sonriente y se quedó mirando un punto fijo en el horizonte.
Por otra parte, Álvaro guiaba a
Carlos hacía un nuevo restaurante del que había oido hablar maravillas.
-Álvaro creo que estamos dando
vueltas a lo tonto, ¿no hemos pasado ya por aquí?
-Cómo te va a sonar si vas todo el
rato mirando el móvil, cualquier día te empotras contra una farola –le contestó
riendo
-La funda de mi móvil me da más
conversación que tú. Si no me entretienes algo tendré que hacer –respondió Carlos
picado
-Quédate con el camino por si te
gusta el sitio. La zona es bonita
Carlos le hizo caso y guardó el móvil
en el bolsillo. Continúo el camino observando los edificios por los que pasaba
-Parezco un turista mirando tanto
-Físicamente das el pego. Guiri –dijo
Álvaro riendo
A Carlos también le hizo gracia y
comenzó a reír.
-Ahora sé dónde estamos, pero hay
un camino más corto, es que me has hecho andar de más para nada –dijo Carlos
protestando entre risas lo que convertía la protesta en un enfado poco
convincente
-Si quieres podemos parar a
descansar
-Buena idea
-No lo decía enserio
-Mala suerte –respondió Carlos
dirigiéndose hacia unos escalones de mármol
Al acercarse e irse a sentar. Vio a
una chica. Miró a Álvaro para ver si él también la veía y no era un sueño. Álvaro
asintió.
-¿Carla? –logró decir Carlos sin
creerse demasiado lo que estaba viendo
La chica giró la cabeza al oír su
nombre. Y allí le vio. A escasos metros de ella. Parado. Mirándola. Observándola
detalladamente. Con ganas de comprobar si verdaderamente se tenían delante el
uno al otro o era todo producto de su imaginación.
Carla miró al lado de Carlos. Álvaro
también la observaba, pero este no parecía tan sorprendido de verla. Dirigió su
mirada hacia el suelo, se frotó las manos contra el pantalón porque le habían
empezado a sudar por los nervios.
Volvió a dirigir la mirada hacia el
rostro de Carlos.
-Sí, soy yo – es lo único que pudo contestar
Carlos respiró profundo. Cerró los
ojos y apretó los puños. Estuvieron un rato inmóviles en esas escaleras con Álvaro
presenciando la escena.
María apareció y se quedó perpleja
al ver esa escena que transcurría a cámara lenta.
El tiempo, un ser revoltoso que le gusta jugar
en tu contra y poner las cosas difíciles y la única forma de vencerle es no
olvidando que uno mismo es quien tiene verdaderamente el control del tiempo; basta
con darle la vuelta al reloj cuando toda la arena este abajo.
María miró a Álvaro que le indicaba
que se fueran. Miró a Carla que aún no se había dado cuenta de su presencia allí.
Se sentó a su lado. Carla miró a María a los ojos. Se comunicaron a través de
la mirada. Ellas eran capaces de hacerlo. Carla asintió con la cabeza.
Álvaro y María se alejaron de aquel
lugar sin pronunciar palabra.
-Lo siento – volvió a hablar Carlos
mirándola a los ojos
Carla llevaba tiempo queriendo
escuchar esas dos palabras. Todo el enfado que había acumulado hasta entonces
se esfumó.
-Está bien –le respondió con las lágrimas
saltadas de nuevo- yo también lo siento Carlos
Carlos se acercó a ella. Colocándose
enfrente y mirándola a los ojos.
-¿Qué haces aquí? –le preguntó
Carlos
-Vine ayer por la tarde. María me
invitó a ver el rey león y no me pude resistir.
-¿Te vas a quedar más días? –le preguntó
Carlos con gesto serio y nervioso
-Sí
-Te fuiste corriendo… -dijo Carlos
volviendo a mirar al suelo
-No te comportaste como debías –le respondió
Carla
Ambos se miraron a los ojos y unas
lágrimas recorrieron sus rostros.
-Lo siento –dijeron al unísono
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Pido disculpas por haber abandonado el blog tanto tiempo y no haber avisado de ello. Me he ido de vacaciones y no he escrito nada. Ya dije que yo los capítulos los subo conforme los escribo, este lo acabo de terminar hoy, no tengo reservas para ocasiones como esta.
He creado un twitter del fanfic, para que os enteréis de cuando se suben capítulos y no tengáis que estar mirándolo constantemente o cualquier otra cosa que veáis oportunas.
Admito que me hagáis críticas o comentarios siempre que no sean ofensivos y tengan un fin constructivo.
¡Muchas gracias por leerme! Espero que lo drisfrutéis ;)
Twitter del blog: @masalládelarealidad