viernes, 21 de diciembre de 2012

Capítulo 27: Madrid


Los días iban pasando de manera algo monótona. Resultaba algo aburrido. Por suerte, el mes de octubre y noviembre ya habían pasado y se acercaba el mes de diciembre con sus festivos y las vacaciones de navidad.

Carlos llegó a casa algo cansado, se notaba por su forma de arrastrar los pies mientras andaba por el pasillo en dirección al sofá, con la intención de tirarse y quedarse allí tumbado. Era una de sus muchas habitudes y aunque la repitiera casi a diario no se cansaba, era una de sus formas de desconectar de todo.
Su móvil empezó a sonar. Carlos levanto levemente la cabeza para ver de donde provenía el sonido, el móvil se encontraba en la entrada junto a las llaves, volvió a apoyar la cabeza en uno de los cojines e ignoró la llamada por pereza de levantarse y caminar hasta el lugar donde se encontraba el móvil. La persona que llamaba insistía pero acabo desistiendo percatándose de la inutilidad de su esfuerzo. La habitación se quedó en silencio, estaba cálida, Carlos había dejado la calefacción puesta durante todo el día, era el entorno adecuado para dormirse.

Algo cayó al suelo produciendo un ruido estrepitoso y provocando que Carlos se despertase sobresaltado. El ruido se había producido en la planta de arriba. Carlos miró el reloj. Las 21:30. Sus tripas empezaron a rugir. Se levantó con más energía de la que tenía al llegar a casa y se dirigió a paso firme a la cocina para preparar algo comestible. 

La cocina de Carlos, era de tonos azules claros y oscuros contrastados entre sí. Tenía una larga encimera que hacía esquina, cubriendo dos de las cuatro paredes de esa sala. En el centro de la cocina había una pequeña mesa con cuatro sillas, una de ella estaba descolocada.
Al igual que Álvaro, Carlos también vivía solo.

Entró en la cocina y se dirigió al frigorífico. Inspeccionó su interior en busca de algo que llevarse a la boca y calmase su apetito. Encontró un tuperware de salsa carbonara que le había dado una de sus vecinas para probar. Cogió una cucharilla y probó un poco de aquella salsa. Le gustó por lo que decidió preparar un poco de pasta para acompañar la salsa. Terminó de preparar la cena, y antes de sentarse a degustarla cogió el móvil para averiguar quien el había llamado tan insistentemente. Al ver quien había sido sonrió y terminó de cenar velozmente dejando todos el plato y demás utensilios encima de la mesa. Cogió de nuevo el móvil y marcó un número.

-¿Quién es? -contestó la otra persona al otro lado del teléfono
-Soy yo -contestó Carlos
-¿Qué vienes a buscar? 
-A ti
-Ya es tarde
-¿Por qué?
-Porque ahora soy yo la que quiero estar sin ti.
-Te has equivocado en la letras. Es ahora soy yo la que no puedo estar sin ti Carlos-contestó Carlos riendo
-Tú y tus tonterías -le contestó Carla
-¿Para qué insistías tanto esta tarde? ¿Ha ocurrido algo?
-No, porque no me lo cogías, pensé que no te enterabas, pero tú siempre te enteras cuando te llaman así que deduje que estarías lejos del iphone y no te apetecía andar hasta el. ¿Deduje mal?
-Perfectamente -contestó él riendo-has clavado la situación
-Pobrecito, podrías haberte herniado al andar por el pasillo, debe ser un recorrido tan largo-contestó Carla riendo al otro lado del teléfono
-Ya lo comprobarás cuando vengas. Por cierto, ¿cuándo vienes? quedan dos días para el puente.
-Mañana voy, por eso te llamaba imbécil -Carla reía mientras hablaba con Carlos.
-Entonces mañana-dijo pensativo- ¿A qué hora?
-A Madrid a las siete y media de la tarde, a verte a ti, más tarde.
-¿Más tarde?. Tampoco soy tan lento, hay veces que soy muy rápido
-No, si eso ya lo se -dijo Carla mientras soltaba una sonora carcajada
-¿Insinuas algo?
-¿Yo?no, no. Lo de que a ti te veo más tarde, lo decía porque entre que me instalo y tal tardo un poco, pero ya después te llamo y voy a verte.
-Espera ¿dónde piensas quedarte?
-En casa de María
-¡Ah! ¿Quién es María?
-Mi mejor amiga
-Entonces a mi reforma y a mi, nos abandonas. ¡Muy bonito!
-Es que la casa de María pedía a gritos una remodelación, esta mucho peor que la tuya
-It's impossible
-Impossible is nothing
-Pues mañana cuando hagas todas tus cosas chica atareada, me llamas, pero si no te cojo el teléfono es porque no lo encuentro en mi desorden que alguien se niega a erradicar.
-O porque no tienes ganas de levantarte a cogerlo
-No, esta vez, será porque no lo encuentre -contestó riendo
-Que tonto eres. 
-No, ahora enserio. ¿Porqué has decidido ir a casa de María y no venirte a la mía?
-Porque voy una semana Carlos. Quería dejarte tu espacio, además te pienso ver todo el tiempo que me permita tu apretada agenda y tu vagancia
-Pues entonces nos vamos a ver muy poco
-¿Estás repleto de trabajo? -preguntó Carla asustada
-No. Estoy repleto de vagancia -dijo riendo
-Imbécil
-Carla, tenemos que renovar tu vocabulario, no puedes ir por la vida usando siempre la misma palabra comodín. Te propongo: guapo, atractivo, lindo, hermoso, apuesto y Carlos entre otros adjetivos -Carlos reía.
-Imbécil -contestó Carla riendo a carcajadas
-Bueno tenemos una semana para aumentar ese vocabulario -respondió riendo
-Eso si yo quiero
-Querrás -rió- bueno te voy a ir dejando que tengo que fregar todo lo que he usado para cenar, que lo he dejado tirado.
-¿Carlos? ¿Tú? ¿Fregar? ¿Quién está contigo? ¿Te están obligando a decir esas cosas? Di, soy un cabeza buque.
-Si quieres lo dejo, y lo haces tú mañana.
-Bueno, que te diviertas fregando ¡eh!, te quiero cabeza puerro. ¡Hasta mañana!
-¡Hasta mañana tapón de alberca! -dijo mientras reía y colgó.

Al día siguiente,en el sur de España. Una niña corría por las escaleras de arriba a abajo, cogiendo todo lo que veía y amontonándolo en una pequeña maleta burdeos.
-¿De verdad pretendes meter todo eso ahí? -le preguntó Luisa a Carla  mientras pasaba por la puerta de la habitación de su hija
-Si. Y se va a cerrar como me llamo Carla
-Pero te vas una semana niña, no un año, tendrás que quitar algo, si no esta maleta no va a cerrar,o vas a romper la cremallera y dime tú ahora que hacemos
-Que si va a entrar todo y se va a cerrar-contestó Carla convencida mientras seguía amontonando ropa en la maleta
-Cuando te empeñas en algo, que cabezota te pones -dijo la madre un poco molesta mientras salía de la habitación de su hija.

El tiempo iba pasando, quedaban escasas dos horas para que saliese el tren que Carla tenía que coger para ir a Madrid; pero ella seguí metida en una pelea en la cual su contrincante, la maleta, le llevaba ventaja. Después de un rato de forcejeo y saltos sobre la misma, consiguió su propósito. Cerrar la dichosa maleta. 

-Carla, son las tres -gritaba el padre de carla desde las escaleras-en una hora sale el tren. Ya puedes ir bajando que nos tenemos que ir
-Voy-le contestó Carla gritando

El padre de Carla, le ayudó a bajar la maleta y meterla en el coche para dirigirse a la estación.
La estación estaba repleta y eso que aún no habían llegado los días festivos.
-¡Qué de gente! -comentó Carla
-Es por el horario. 
-¿Qué hora es?
-Las tres y media. La mayoría de la gente sale ahora de trabajar, por eso está tan repleto,quieren volver a sus casas, no como tú que te vas.
-Papá, me voy una semana. Después me tendrás en casa otra vez para darte la tabarra.
-Entonces voy a llamar al tal Carlos, para que de adopte y así le das la tabarra a él
-No se yo quien sería peor. Pero, voy a casa de María, es ella y sus padres quien me van a tener que aguantar
-¡Pobres! Les llamare para pedirles disculpas cuando te marches
-No te pases -le contestó Carla dandole un golpe en el brazo a su padre
-Bueno carlotita, vete ya que pierdes el tren.
-Odio que me llames así, papá

Padre e hija se fundieron en un abrazo. Al separarse Carla cogió su maleta y se dirigió al andén para esperar la llegada del tren. Al llegar este se subió y buscó su asiento. Eran tres horas y media de viaje, no se le iba a hacer largas, porque estaba acostumbrada a viajes de ocho horas en coche. Cuando encontró su asiento, muy cerca de los aseos, cosa que agradeció profundamente ya que solía ir con bastante frecuencia, se sentó y se puso los auriculares para escuchar toda la variedad de música que había ido recopilando para aquel viaje mientras tatareaba algunas de las canciones; tatareaba algunas porque cuando veía que le miraban dejaba de hacerlo avergonzada.


Carla llegó a la estación de atocha, si en Cádiz le había parecido que había bullicio de gente, ahora era triplicado. Solo veía gente corriendo de un lado para otro con maletines y alguno que otro con maleta; gente parada hablando con el móvil, gente aligerando su paso para entrar en el tren antes de que este cerrase sus puertas. Había mucha gente y todos iban a un paso apresurado. Carla tenía miedo. Estaba sola ante tanta aglomeración, necesitaba salir de  allí, pero no sabía por dónde, en estos momentos echaba de menos a sus padres, ellos la hubieran sacado de allí fácilmente. Carla cogió el móvil y marcó el número de María.

-Dime-contestó María descolgando el teléfono tras haber sonado una sola vez.
-Ya he llegado -contestó Carla
-¿Dónde estás? No te veo
-Normal, entre tanta gente, en el andén cuatro.
-Vale, no te muevas voy a buscarte
-Tampoco podría aunque quisiera, no se donde ir.
-Tampoco me cuelgues porque así es más fácil encontrarte
-Es verdad, como soy la única que habla por el móvil en este momento es muy fácil, como no se me había ocurrido antes -contestó Carla irónicamente
-No es por eso tonta. Es para que así me digas que tienes alrededor, que cuando te lo pida levantes la mano
-Eso tiene más sentido
-Es que eres cortita
-Gracias. Cuando te vea te agradeceré esos piropos de una manera especial -dijo Carla riendo y mirando hacia su alrededor por si veía a María
-Entonces ya no te busco por si me pegas -contestó María dejando de andar al ver a Carla de espaldas a pocos metros de ella.
-Ven pelo rancio. No temas -dijo Carla riendo
-¡Pelo rancio! -María gritaba mientras corría hacia Carla para abalanzarse sobre ella.

María se tiró sobre Carla y ambas cayeron al suelo.

-Pero mira que eres bruta -dijo Carla riendo intentando levantarse
-Te echaba mucho de menos- contestó María abrazando a su amiga

Ambas salieron de la estación y se fueron a casa de María a instalarse.

-¿A qué hora has quedado con Carlos? ¿Ya le has llamado? ¡Tengo cosas que contarte! ¡Qué guay tía que estés aquí! Esta noche salimos las dos de parranda, pero no se que me pondré. ¿Has traído el vestido ese que te regale? Estaría genial. Bueno Carla, di algo te has quedado muda -dijo María sin dejar de hablar
-Si no me dejas -contestó Carla riendo- primero, ¡Hola! , luego ¿y tus padres? les quiero saludar
-Trabajando. Ya sabes que solo están aquí a la hora de la comida y para dormir. Son las cinco así que estarán ya trabajando.
-¡Ah! y ¿Qué me tienes que contar?-preguntó Carla curiosa
-No. Tú me tienes que contar más cosas primero -recriminó María - ¿Has hablado ya con Carlos para decirle que has llegado? ¿Cuándo me lo vas a presentar? 
-No, ahora le llamo. Pues cuando tú quieras
-Ahora
Carla reía ante la extrema curiosidad que desprendía su amiga 
-Le voy a llamar

*Por teléfono*
-¡Hola fea! ¿Ya has llegado?
-Si, estoy en casa de María. Que tiene más ganas de verte que yo
-¿Me conoce?
-No, creo, pero me suplica que os presente-mentirosa se oía detrás del teléfono -aunque ahora no quiere reconocerlo
-Ya veo -dijo riendo- que te parece en media hora en callao
-Dentro de media hora en callao -repitió Carla en voz alta para que María se enterase y le diese su aprobación- me parece perfecto, pero no tardes
-Dijo la chica puntual -le contestó Carlos riendo - dile a tu amiga María cuya casa pide reformas a impedido que vengas a la mía, que venga también para conocerme, iré con los chicos para que te vean también.
-Vale rencoroso -y colgaron.









jueves, 20 de diciembre de 2012

Ha sido un error!!!

El capítulo se ha subido solo, estaba sin terminar y se me ha borrado la mitad de lo que tenía escrito porque se apagó el ordenador de repente, siento las molestias, y a los que habeis leido el capítulo, no entiendo como os habéis enterado no lo he dicho en ninguna parte porque desconocía que se hubiese subido solo, es el comienzo, ahora ya os he chafado una parte. Intentaré reescribirlo, continuarlo, y subirlo entre hoy y mañana. 
Gracias y lo siento



viernes, 7 de diciembre de 2012

Capítulo 26: Sirve cafés


Los chicos llegaron muy cansados del viaje y se fueron cada uno a sus respectivas casas para disfrutar de las dos semanas que tenían de "vacaciones", aunque esas dos semanas acabasen siendo una debido a las reuniones y preparativos que tendrían que ir haciendo antes del próximo concierto.

Eran las nueve de la mañana, la luz se abrió paso por las rendijas de la persiana, iluminando la habitación. En ese instante Álvaro se maldijo así mismo por no haberla cerrado bien la noche anterior. Con tanta claridad no podía volver a conciliar el sueño, intentó seguir durmiendo con la almohada sobre la cara, pero le fue en vano. Tras hacerse el remolón sobre la cama un rato más, decidió levantarse. Miró el reloj, nueve y media. Miró el calendario, diecisiete de Octubre. Sólo le quedaba una semana de descanso.Se dirigió a la cocina.

Su casa era acogedora, vivía sólo por lo que nunca tenía la preocupación de molestar a otro; pero él debía encargarse de todas las tareas de la casa, su trabajo no le dejaba mucho tiempo para ello, por eso su hermana se pasaba de vez en cuando y le echaba una mano, cosa que él le agradecía profundamente.

Entró en la cocina, era pequeña, tenía una gran encimera que cubría toda la parte derecha de la misma y enfrente se encontraba el frigorífico y otros muebles de cocina. No tenía mesa. Eso indicaba el poco tiempo que pasaba en ella; solía desayunar de pie a causa de las prisas, y no comía en casa. Cogió una de las tazas del mueble y se sirvió un poco de café con leche que había sobrado de la mañana anterior. Lo metió en el mircroondas un par de minutos, mientras esperaba a que se calentase miró el móvil por si tenía algún mensaje. Tenía uno del manager del grupo quería que fuera a la oficina a las doce. Álvaro volvió a mirar el reloj, eran las diez menos veinticinco, tenía tiempo de sobra. Sacó la taza del microondas y se fue bebiendo el café a pequeños sorbos. Dejo la taza en el fregadero y regresó a su habitación.

La habitación de Álvaro era de un cálido color crema, que contrastaba con el oscuro color marrón de sus muebles. Esos colores transmitían tranquilidad, por eso Álvaro adoraba pasar tiempo en su habitación. Se dirigió al armario y se pudo un chandal y unas deportivas. Cogió un reproductor de música, las llaves de casa y se dispuso a irse a correr un rato.
Al salir de casa, se dirigió al ascensor, miró que estaba en el primero, y él vivía en un séptimo. Se puso los cascos, encendió el reproductor de música y bajo por las escaleras de dos en dos.
Al salir de su edificio se paro. No podía empezar a correr aún, vivía en pleno centro y por su calle pasaba mucha gente. Cruzó varios pasos de peatones hasta llegar a un lugar más despejado. Estiró un poco las piernas y comenzó a correr. Pasó por medio de un parques lleno de niños, Álvaro les sonreía, recordaba lo bien que lo pasaba él de niño en esos parques, como jugaba sin preocupación, no tenía horarios, no tenía responsabilidades. Pasó el parque y continuó por unas calles que desconocía, pero decidió adentrarse en ellas para explorar la zona; eran casas iguales, pero de diferentes colores, le recordaba a las casas inglesas que tanto llamaban su atención, volvió a sonreir y se dió media vuelta para volver a su casa.


Al otro lado de la ciudad, un despertador comenzó a sonar estrepitosamente. María lo apagó de un golpe, era la cuarta vez que sonaba. Se frotó los ojos y miró la hora, las diez y media. María se incorporó rápidamente y se dirigió al baño.
María aún vivía con sus padres, pero pocas veces lo notaba, sus padres solían trabajar muy a menudo, por lo que pasaba la mayor parte del tiempo sola.
Se dio una rápida ducha. Se puso el albornoz y una toalla envolviendo la cabeza; se dirigió al armario y tras estar un rato revolviendo la ropa; cogió una camiseta básica blanca y una falda de tubo negra. Se puso unos tacones negros que estaban sin estrenar por lo que decidió meter en el bolso un paquete de tiritas. Se puso un collar largo, un poco que maquillaje y se quitó la toalla del pelo. Volvió a mirar la hora, las once, no le daba tiempo de más, salió de casa con el pelo mojado, tenía suerte de que su pelo era liso, y no se iba a notar demasiado que estaba sin peinar, pero hacía frío e iba a coger un buen resfriado por ello.
Salió de su edificio y cogió un taxi, tuvo suerte, había uno justo enfrente de su puerta. El taxi tardó menos de una hora en llegar a su destino, definitivamente era su día de suerte. Pagó al taxista y se dirigió a un paso ligero hacia la oficina, hoy era su primer día de trabajo y no podía permitirse llegar tarde.
Entró en el gran edificio de paredes muy altas y blancas, lo que hacían que pareciesen interminables. Se montó en el ascensor y subió hasta la planta donde tenía que trabajar.Al llegar se encontró con un hombre que miraba constantemente el reloj. María se puso roja.
-Buenos días-dijo con tono firme. María ya llegas tarde tu primer día. La has liado, parece enfadado. Pero sólo me he retrasado un minuto, no creo que sea para ponerse así.
-Buenos días-le contestó el hombre sonriente-tú debes ser la nueva ¿no? -preguntó sonriente mientras volvía a mirar el reloj y suspiraba
-Si. Me llamo María-contestó mirando fijamente al hombre. Pues no es por mi retraso, creo que ni lo ha notado, ¿Por qué mira tanto el reloj? se preguntaba María -¿Ocurre algo? -se atrevió a preguntar.
El hombre levantó la cabeza volviendo a mirarla.
-Que siempre hacen lo mismo, son unos tardones, la próxima vez les diré media hora antes, para que lleguen puntuales.
-¿Quienes?-preguntó María sin comprender nada aún.
En ese momento entró Álvaro por la puerta.
-¡Buenos días!-dijo sonriente
-¡Ya era hora!-contestó el hombre
-Sólo me he retrasado cinco minutos -dijo Álvaro mirando el reloj para comprobarlo
-Pero tú sueles ser el más puntual y te has retrasado cinco minutos, imagínate el resto -dijo el hombre con tono enfadado
-Llámalos para que se aligeren-contestó mientras se sentaba en una de las sillas de la sala.
Era una sala pequeña, y acristalada, en el centro había una gran mesa de color negro, con muchas sillas de color burdeos a su alrededor.
-¡Tú! ¿A ti te conozco verdad? -preguntó María mirando a Álvaro
-¡Es verdad!-dijo tras haber estado un rato mirándola para reconocer quién era- pero no recuerdo tu nombre-terminó diciendo sonriente
-Soy María-dijo con una sonrisa- Álvaro, si no me equivoco, me alegró verte aquel día.
-Sí, Jil es así, pero mira, conseguiste el trabajo -contestó sonriente.
-Eso es verdad -contestó sentándose en una de las sillas al lado de Álvaro
En ese momento aparecieron por la puerta el resto de los chicos.
-¡Ya era hora! -les gritó el hombre en un tono enfadado.
-¡Lo sentimos! Hemos pillado mucho tráfico-le contestó Carlos.
-¿Y ella? ¿Eres nueva? -preguntó Dani señalándola.
-Si, empiezo hoy, me llamo María. ¿Vosotros sois? -dijo mirando a Dani, ya que eres el que le había preguntado
-Somos Auryn-dijo David
-¿Qué? -contestó María, pues no entendía nada.
-Yo soy Carlos-dijo sonriente-Él es David-dijo señalandolo-Dani, Blas y Álvaro-les presentó.
-Encantada. A Álvaro ya lo conocía -en ese momento a María se le escapó una sonrisilla.
-¡Ah! ¿Y a qué te dedicas? ¿Cantas? -le preguntó Blas.
-No. Quiero ser compositora, pero de momento...
-Sirve cafés y hace fotocopias-le cortó Álvaro
-Sé decirlo solita -dijo María mientras fulminaba a Álvaro con la mirada.
-Pues traenos unos capuccinos por favor, con las prisas para no llegar tarde, no nos ha dado tiempo -pidió Dani
-Prisas dice-comentó el hombre-dejate de trolas y centrate en lo que vamos a hacer.
María se pasó la mañana haciendo fotocopias y sirviendo cafés. No le entusiasmaba demasiado lo que estaba haciendo, pero era el camino que le abriría las puertas hacia su sueño, que era componer.
Los chicos, miraron un par de canciones, que artistas consagrados se las cedían para que hiciesen alguna cover, y examinaban cual encajaba mejor con sus voces, y así poder añadirla al nuevo disco.

Al final de la jornada, María regresó a la sala acristalada para recoger sus cosas y marcharse a casa, solo había servido cafés, pero estaba realmente agotada. Al dirigirse al ascensor, se chocó con alguien.
-Perdona -dijo María sin levantar la cabeza del móvil
-Te gusta chocarte conmigo-le contestó la otra persona.
María levantó la cabeza y se encontró con Álvaro.
-¿Qué haces aún aquí? -preguntó María
-He olvidado unas cosas y venía a recogerlas. ¿Ya te vas?-le contestó Álvaro
-Si. mi turno ya ha terminado.
-Espérame y nos vamos juntos-dijo con una sonrisa.
-Vale.
Álvaro entró en la sala, recogió los papeles que había olvidado, y ambos se montaron en el ascensor.
-¿Qué tal tu primer día? -comenzó Álvaro la conversación, mientras esperaban que el ascensor llegase
-Estoy cansadísima y eso que no he hecho nada más que servir cafés -dijo con tono cansado
-Bueno, esto es  una prueba para comprobar que realmente te interesa el trabajo y estas dispuesta a hacer lo que sea, después te colocarán en donde realmente quieres. Si has entrado es porque eres buena -dijo Álvaro animándola
-Gracias por los ánimos
-De nada. Por cierto, ¿haces algo ahora?
-No, ¿por qué?
-Por si te apetece cenar conmigo y me cuentas más sobre ti. Quiero conocer a mi nueva compañera de trabajo -dijo poniéndo una sonrisa seductora
-Vale. ¿A dónde quieres ir?
-¿A mi casa?
-Esta bien. ¿Vives muy lejos?
-No. Está muy cerca. He venido andando hasta aquí.

Ambos salieron de la oficina sonrientes, llamando la atención entre el resto de las personas que salían de aquella oficina, por su juventud y por la sonrisa que marcaba su rostro, ya que el resto de trabajadores no salían especialmente contentos. Empezaron a andar hacia la casa de Álvaro mientras iban hablando de sus gustos, inquietudes,de su familia, sueños,...
-Es aquí-dijo Álvaro deteniéndose frente a un portal e introduciendo la llave en la ranura para poder entrar.
-Es bonito-contestó María mirándolo con detenimiento
-Gracias.
Llamaron al ascensor, pero estaba tardando demasiado.
-¿En qué planta vives?-preguntó María
-En el séptimo ¿por?
-¿Subimos por las escaleras?
-Vale
Empezaron a subir por las escaleras, cuando llegaron a la quinta planta. María miró a Álvaro.
-Tonto el último-gritó y empezó a correr escaleras arriba.
Álvaro se rió y empezó a correr detrás.
Ambos llegaron a la planta con la lengua fuera. Álvaro abrió la puerta y pasaron a la casa.
María miraba todo con sumo detalle.
-¿Te gusta? -le preguntó
-Se ve acogedora. Me gusta mucho. ¿La has decorado tú?
-Si, bueno me ayudó mi hermana, tiene mucho gusto para estas cosas.
-¿Vives con tu hermana?
-No.Vivo solo.
-¡Ah! -contestó quedándose callada y pensativa
-¿Qué quieres cenar?
-Lo que me prepares-contestó sonriente
-Será lo que preparemos porque tú también cocinas mona
-¿Me invitas a cocinar? Tendras jeta -contestó María riendo
-Te he invitado a cenar, no di detalles
-Tienes razón -confesó María
Ambos se pusieron a cocinar, ninguno era muy hábil en ello, por lo que dejaron la cocina hecha un desastre.
Cenaron en el salón, pues no había mesa en la cocina. Al terminar de cenar recogieron todo incluido el desastre creado en la cocina al intentar hacer la cena
-Ha quedado rica. Me voy a replantear esto de cocinar -comentó María riendo
-Pues a mi no me invites a probarla, prefiero conservar mi estómago en buen estado
-Oye, que cocino bien.
-Si, si -contestó riendo
-Señorito Álvaro se está usted columpiando-le amenazó María con la sartén que estaba fregando en la mano
-Uy que miedo-dijo riéndose
-Con que esas tenemos, ¡Eh! -dijo enjuagando la sartén y apoyándola en la encimera
Álvaro se rió y salió corriendo por el pasillo
-No huyas
-Para que me pegues, me voy a quedar yo allí-dijo continuando con su carrera hasta llegar al final del pasillo
María llegó al punto donde se encontraba Álvaro.
-Ya no puedes escapar -dijo sonriente
Álvaro se acercó a María, la miró a los ojos. María se quedó quieta. ¿Qué hacía? .Álvaro se acercó un poco más. María se acercó también a él. Álvaro la cogió por los hombros y la giró quedándo él en la posición que antes ocupaba María y a la inversa.
-¡Já!.Vuelvo a ser libre -dijo volviendo a huir
-Eres un tramposo- gritó mientras entraba en la habitación de Álvaro y se sentaba en la cama
Álvaro entró tras ella
-Es que verte amenzándome con la sartén en la mano me imponía respeto.
-Pero en el pasillo no tenía sartén
-La escena se quedó grabada en mi mente-dijo mientras se sentaba en la cama junto a ´María
-Pues vas a tener que compensarme
-¿Yo?-preguntó Álvaro confuso
-Si, tú, por daños y perjuicios, has echo trampas. Estabas acorralado. Yo iba a obtener mi venganza y no me has dejado
-Esta bien ¿Y cómo he de compesarle señorita?
-Usted sabrá. Antes hizó algo por lo que iba a perdonarle mi venganza
-¿Qué?
-Piensa
Álvaro sonrió al darse cuenta, de a que se refería María. La volvió a mirar a los ojos, pero esta vez fue ella la que se acercó y le besó, asegurándose que Álvaro no hiciese una de las suyas.
Continuaron ahí sentados sobre la cama besándose, esos besos cada vez contenían más pasión. Álvaro comenzó a levantar la camiseta de María hasta que salíó de debajo de su falda, ya que la llevaba metida por dentro. Paró y miró a María quien con un leve gesto de asentimiento indicó a Álvaro todo lo que quería saber.