Los días iban pasando de manera algo monótona. Resultaba algo aburrido. Por suerte, el mes de octubre y noviembre ya habían pasado y se acercaba el mes de diciembre con sus festivos y las vacaciones de navidad.
Carlos llegó a casa algo cansado, se notaba por su forma de arrastrar los pies mientras andaba por el pasillo en dirección al sofá, con la intención de tirarse y quedarse allí tumbado. Era una de sus muchas habitudes y aunque la repitiera casi a diario no se cansaba, era una de sus formas de desconectar de todo.
Su móvil empezó a sonar. Carlos levanto levemente la cabeza para ver de donde provenía el sonido, el móvil se encontraba en la entrada junto a las llaves, volvió a apoyar la cabeza en uno de los cojines e ignoró la llamada por pereza de levantarse y caminar hasta el lugar donde se encontraba el móvil. La persona que llamaba insistía pero acabo desistiendo percatándose de la inutilidad de su esfuerzo. La habitación se quedó en silencio, estaba cálida, Carlos había dejado la calefacción puesta durante todo el día, era el entorno adecuado para dormirse.
Algo cayó al suelo produciendo un ruido estrepitoso y provocando que Carlos se despertase sobresaltado. El ruido se había producido en la planta de arriba. Carlos miró el reloj. Las 21:30. Sus tripas empezaron a rugir. Se levantó con más energía de la que tenía al llegar a casa y se dirigió a paso firme a la cocina para preparar algo comestible.
La cocina de Carlos, era de tonos azules claros y oscuros contrastados entre sí. Tenía una larga encimera que hacía esquina, cubriendo dos de las cuatro paredes de esa sala. En el centro de la cocina había una pequeña mesa con cuatro sillas, una de ella estaba descolocada.
Al igual que Álvaro, Carlos también vivía solo.
Entró en la cocina y se dirigió al frigorífico. Inspeccionó su interior en busca de algo que llevarse a la boca y calmase su apetito. Encontró un tuperware de salsa carbonara que le había dado una de sus vecinas para probar. Cogió una cucharilla y probó un poco de aquella salsa. Le gustó por lo que decidió preparar un poco de pasta para acompañar la salsa. Terminó de preparar la cena, y antes de sentarse a degustarla cogió el móvil para averiguar quien el había llamado tan insistentemente. Al ver quien había sido sonrió y terminó de cenar velozmente dejando todos el plato y demás utensilios encima de la mesa. Cogió de nuevo el móvil y marcó un número.
-¿Quién es? -contestó la otra persona al otro lado del teléfono
-Soy yo -contestó Carlos
-¿Qué vienes a buscar?
-A ti
-Ya es tarde
-¿Por qué?
-Porque ahora soy yo la que quiero estar sin ti.
-Te has equivocado en la letras. Es ahora soy yo la que no puedo estar sin ti Carlos-contestó Carlos riendo
-Tú y tus tonterías -le contestó Carla
-¿Para qué insistías tanto esta tarde? ¿Ha ocurrido algo?
-No, porque no me lo cogías, pensé que no te enterabas, pero tú siempre te enteras cuando te llaman así que deduje que estarías lejos del iphone y no te apetecía andar hasta el. ¿Deduje mal?
-Perfectamente -contestó él riendo-has clavado la situación
-Pobrecito, podrías haberte herniado al andar por el pasillo, debe ser un recorrido tan largo-contestó Carla riendo al otro lado del teléfono
-Ya lo comprobarás cuando vengas. Por cierto, ¿cuándo vienes? quedan dos días para el puente.
-Mañana voy, por eso te llamaba imbécil -Carla reía mientras hablaba con Carlos.
-Entonces mañana-dijo pensativo- ¿A qué hora?
-A Madrid a las siete y media de la tarde, a verte a ti, más tarde.
-¿Más tarde?. Tampoco soy tan lento, hay veces que soy muy rápido
-No, si eso ya lo se -dijo Carla mientras soltaba una sonora carcajada
-¿Insinuas algo?
-¿Yo?no, no. Lo de que a ti te veo más tarde, lo decía porque entre que me instalo y tal tardo un poco, pero ya después te llamo y voy a verte.
-Espera ¿dónde piensas quedarte?
-En casa de María
-¡Ah! ¿Quién es María?
-Mi mejor amiga
-Entonces a mi reforma y a mi, nos abandonas. ¡Muy bonito!
-Es que la casa de María pedía a gritos una remodelación, esta mucho peor que la tuya
-It's impossible
-Impossible is nothing
-Pues mañana cuando hagas todas tus cosas chica atareada, me llamas, pero si no te cojo el teléfono es porque no lo encuentro en mi desorden que alguien se niega a erradicar.
-O porque no tienes ganas de levantarte a cogerlo
-No, esta vez, será porque no lo encuentre -contestó riendo
-Que tonto eres.
-No, ahora enserio. ¿Porqué has decidido ir a casa de María y no venirte a la mía?
-Porque voy una semana Carlos. Quería dejarte tu espacio, además te pienso ver todo el tiempo que me permita tu apretada agenda y tu vagancia
-Pues entonces nos vamos a ver muy poco
-¿Estás repleto de trabajo? -preguntó Carla asustada
-No. Estoy repleto de vagancia -dijo riendo
-Imbécil
-Carla, tenemos que renovar tu vocabulario, no puedes ir por la vida usando siempre la misma palabra comodín. Te propongo: guapo, atractivo, lindo, hermoso, apuesto y Carlos entre otros adjetivos -Carlos reía.
-Imbécil -contestó Carla riendo a carcajadas
-Bueno tenemos una semana para aumentar ese vocabulario -respondió riendo
-Eso si yo quiero
-Querrás -rió- bueno te voy a ir dejando que tengo que fregar todo lo que he usado para cenar, que lo he dejado tirado.
-¿Carlos? ¿Tú? ¿Fregar? ¿Quién está contigo? ¿Te están obligando a decir esas cosas? Di, soy un cabeza buque.
-Si quieres lo dejo, y lo haces tú mañana.
-Bueno, que te diviertas fregando ¡eh!, te quiero cabeza puerro. ¡Hasta mañana!
-¡Hasta mañana tapón de alberca! -dijo mientras reía y colgó.
Al día siguiente,en el sur de España. Una niña corría por las escaleras de arriba a abajo, cogiendo todo lo que veía y amontonándolo en una pequeña maleta burdeos.
-¿De verdad pretendes meter todo eso ahí? -le preguntó Luisa a Carla mientras pasaba por la puerta de la habitación de su hija
-Si. Y se va a cerrar como me llamo Carla
-Pero te vas una semana niña, no un año, tendrás que quitar algo, si no esta maleta no va a cerrar,o vas a romper la cremallera y dime tú ahora que hacemos
-Que si va a entrar todo y se va a cerrar-contestó Carla convencida mientras seguía amontonando ropa en la maleta
-Cuando te empeñas en algo, que cabezota te pones -dijo la madre un poco molesta mientras salía de la habitación de su hija.
El tiempo iba pasando, quedaban escasas dos horas para que saliese el tren que Carla tenía que coger para ir a Madrid; pero ella seguí metida en una pelea en la cual su contrincante, la maleta, le llevaba ventaja. Después de un rato de forcejeo y saltos sobre la misma, consiguió su propósito. Cerrar la dichosa maleta.
-Carla, son las tres -gritaba el padre de carla desde las escaleras-en una hora sale el tren. Ya puedes ir bajando que nos tenemos que ir
-Voy-le contestó Carla gritando
El padre de Carla, le ayudó a bajar la maleta y meterla en el coche para dirigirse a la estación.
La estación estaba repleta y eso que aún no habían llegado los días festivos.
-¡Qué de gente! -comentó Carla
-Es por el horario.
-¿Qué hora es?
-Las tres y media. La mayoría de la gente sale ahora de trabajar, por eso está tan repleto,quieren volver a sus casas, no como tú que te vas.
-Papá, me voy una semana. Después me tendrás en casa otra vez para darte la tabarra.
-Entonces voy a llamar al tal Carlos, para que de adopte y así le das la tabarra a él
-No se yo quien sería peor. Pero, voy a casa de María, es ella y sus padres quien me van a tener que aguantar
-¡Pobres! Les llamare para pedirles disculpas cuando te marches
-No te pases -le contestó Carla dandole un golpe en el brazo a su padre
-Bueno carlotita, vete ya que pierdes el tren.
-Odio que me llames así, papá
Padre e hija se fundieron en un abrazo. Al separarse Carla cogió su maleta y se dirigió al andén para esperar la llegada del tren. Al llegar este se subió y buscó su asiento. Eran tres horas y media de viaje, no se le iba a hacer largas, porque estaba acostumbrada a viajes de ocho horas en coche. Cuando encontró su asiento, muy cerca de los aseos, cosa que agradeció profundamente ya que solía ir con bastante frecuencia, se sentó y se puso los auriculares para escuchar toda la variedad de música que había ido recopilando para aquel viaje mientras tatareaba algunas de las canciones; tatareaba algunas porque cuando veía que le miraban dejaba de hacerlo avergonzada.
Carla llegó a la estación de atocha, si en Cádiz le había parecido que había bullicio de gente, ahora era triplicado. Solo veía gente corriendo de un lado para otro con maletines y alguno que otro con maleta; gente parada hablando con el móvil, gente aligerando su paso para entrar en el tren antes de que este cerrase sus puertas. Había mucha gente y todos iban a un paso apresurado. Carla tenía miedo. Estaba sola ante tanta aglomeración, necesitaba salir de allí, pero no sabía por dónde, en estos momentos echaba de menos a sus padres, ellos la hubieran sacado de allí fácilmente. Carla cogió el móvil y marcó el número de María.
-Dime-contestó María descolgando el teléfono tras haber sonado una sola vez.
-Ya he llegado -contestó Carla
-¿Dónde estás? No te veo
-Normal, entre tanta gente, en el andén cuatro.
-Vale, no te muevas voy a buscarte
-Tampoco podría aunque quisiera, no se donde ir.
-Tampoco me cuelgues porque así es más fácil encontrarte
-Es verdad, como soy la única que habla por el móvil en este momento es muy fácil, como no se me había ocurrido antes -contestó Carla irónicamente
-No es por eso tonta. Es para que así me digas que tienes alrededor, que cuando te lo pida levantes la mano
-Eso tiene más sentido
-Es que eres cortita
-Gracias. Cuando te vea te agradeceré esos piropos de una manera especial -dijo Carla riendo y mirando hacia su alrededor por si veía a María
-Entonces ya no te busco por si me pegas -contestó María dejando de andar al ver a Carla de espaldas a pocos metros de ella.
-Ven pelo rancio. No temas -dijo Carla riendo
-¡Pelo rancio! -María gritaba mientras corría hacia Carla para abalanzarse sobre ella.
María se tiró sobre Carla y ambas cayeron al suelo.
-Pero mira que eres bruta -dijo Carla riendo intentando levantarse
-Te echaba mucho de menos- contestó María abrazando a su amiga
Ambas salieron de la estación y se fueron a casa de María a instalarse.
-¿A qué hora has quedado con Carlos? ¿Ya le has llamado? ¡Tengo cosas que contarte! ¡Qué guay tía que estés aquí! Esta noche salimos las dos de parranda, pero no se que me pondré. ¿Has traído el vestido ese que te regale? Estaría genial. Bueno Carla, di algo te has quedado muda -dijo María sin dejar de hablar
-Si no me dejas -contestó Carla riendo- primero, ¡Hola! , luego ¿y tus padres? les quiero saludar
-Trabajando. Ya sabes que solo están aquí a la hora de la comida y para dormir. Son las cinco así que estarán ya trabajando.
-¡Ah! y ¿Qué me tienes que contar?-preguntó Carla curiosa
-No. Tú me tienes que contar más cosas primero -recriminó María - ¿Has hablado ya con Carlos para decirle que has llegado? ¿Cuándo me lo vas a presentar?
-No, ahora le llamo. Pues cuando tú quieras
-Ahora
Carla reía ante la extrema curiosidad que desprendía su amiga
-Le voy a llamar
*Por teléfono*
-¡Hola fea! ¿Ya has llegado?
-Si, estoy en casa de María. Que tiene más ganas de verte que yo
-¿Me conoce?
-No, creo, pero me suplica que os presente-mentirosa se oía detrás del teléfono -aunque ahora no quiere reconocerlo
-Ya veo -dijo riendo- que te parece en media hora en callao
-Dentro de media hora en callao -repitió Carla en voz alta para que María se enterase y le diese su aprobación- me parece perfecto, pero no tardes
-Dijo la chica puntual -le contestó Carlos riendo - dile a tu amiga María cuya casa pide reformas a impedido que vengas a la mía, que venga también para conocerme, iré con los chicos para que te vean también.
-Vale rencoroso -y colgaron.